La detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos generó un impacto inmediato a escala global y abrió un escenario de incertidumbre en Venezuela que también alcanza al deporte. Las primeras consecuencias ya se hicieron visibles con la suspensión indefinida de la liga de béisbol, mientras el fútbol observa con atención qué ocurrirá con los clubes que deben competir en la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana.
Si bien el torneo local venezolano se encuentra en receso, el contexto actual vuelve poco probable que la actividad se reanude el 30 de enero, como estaba previsto. En ese marco, la atención se centra en los ocho equipos clasificados a competiciones continentales: Universidad Central, Deportivo La Guaira, Carabobo y Deportivo Táchira en la Libertadores; Puerto Cabello, Monagas, Caracas y Metropolitanos en la Sudamericana.
Por el momento, no se contempla una exclusión de los clubes, pero sí surge con fuerza la posibilidad de que pierdan la localía. El primer caso sensible es el de Deportivo Táchira, que debe enfrentar a The Strongest en la Fase 1 de la Libertadores, con la revancha programada para el 10 de febrero en Venezuela. Si la situación política no se estabiliza, la CONMEBOL podría disponer el traslado del partido a otro país.

Lo mismo podría ocurrir más adelante con en Fase 2, instancia donde Carabobo tendría su debut en casa el 17 de febrero ante Huachipato. Por su parte, La Guaira y Universidad Central, que ingresan directamente a la fase de grupos de la Libertadores en abril, son los que más chances tienen de conservar su condición de local. La evaluación del contexto se hará sobre la marcha, teniendo en cuenta la seguridad y la logística









