Las declaraciones de Donald Trump volvieron a sacudir el escenario político y deportivo de Estados Unidos. Durante una reunión en la Casa Blanca con Gianni Infantino, presidente de la FIFA, el mandatario abrió una vez más la puerta a posibles modificaciones en las sedes estadounidenses del Mundial 2026, un movimiento sin antecedentes a tan poco del inicio del torneo.
Trump vinculó la continuidad de los partidos en ciertas ciudades al comportamiento de autoridades locales, apuntando en especial a distritos bajo control demócrata. Consultado sobre qué podría motivar un traslado de encuentros, lanzó una advertencia directa: "Los gobernadores van a tener que comportarse. Los alcaldes van a tener que comportarse".
El presidente puso el foco en California, donde mencionó problemas vinculados a la criminalidad y la gestión de emergencias. No obstante, matizó su postura al afirmar que "amo Los Ángeles", y agregó que estaría dispuesto a enviar apoyo federal, como la Guardia Nacional, si así se lo solicitaran.
La idea que Trump repitió durante el encuentro es la de actuar de forma preventiva frente a cualquier indicio de inseguridad. "Si hay siquiera una señal de un problema, queremos entrar antes de que ocurra el problema", afirmó. Semanas atrás ya había dirigido críticas similares hacia la alcaldesa de Boston, Michelle Wu, llegando a amenazar con quitarle partidos de la Copa del Mundo. "Si creemos que habrá alguna señal de problemas, le pediría a Gianni que lo moviera a otra ciudad", reiteró.









