Durante años nos repitieron que la inflación era un fenómeno “multicausal”. Un mal que había que administrar. Esa mentira —funcional al poder político— fue la coartada perfecta para licuar salarios, destruir el ahorro y multiplicar pobres mientras el Estado crecía sin freno. Hoy esa coartada se cayó.
La inflación del 31,5% en 2025 no fue sólo el registro más bajo en ocho años. Fue algo mucho más profundo —y por eso mismo intolerable para el kirchnerismo—: demostró que la inflación no era inevitable, sino deliberada. Que no hacía falta controlar precios, apretar empresas ni militar góndolas. Que el relato de la “multicausalidad” fue apenas una coartada para emitir sin límite. Y, sobre todo, que el poder político podía dejar de robar vía inflación, pero no lo hacía porque no quería.
Entre 2023 y 2025, la inflación anual cayó de 211% a 31,5%. Son casi 180 puntos menos en apenas dos años. No es suerte. No es contexto internacional. Es causa y efecto. Y esa caída explica algo que la política profesional prefiere no mirar: la pobreza bajó del pico kirchnerista del 57% al 27%. Treinta puntos menos. Trece millones de personas que dejaron de ser pobres. Sin planes nuevos. Sin relato. Sin épica. Con estabilidad.
Acá está el nudo del problema. Durante años, el kirchnerismo dijo combatir la inflación con controles de precios manejados por sindicatos, ““La Cámpora”” y organizaciones sociales. Un experimento grotesco: burócratas decidiendo cuánto valen las cosas mientras la maquinita seguía a toda velocidad. El resultado fue siempre el mismo: desabastecimiento, mercado negro y más inflación. Pero jamás se hicieron cargo. La inflación, decían, era “multicausal”.
No lo es. Nunca lo fue.
Como lo repite Milei hasta el cansancio, la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. Exceso de oferta de dinero. Ya sea porque se imprime de más, porque cae la demanda de pesos o porque ocurren ambas cosas al mismo tiempo. Cuando el Estado inunda la economía de papel pintado, el dinero pierde poder adquisitivo y los precios suben. Así de simple.








