Hay datos que no admiten interpretación. Resultados que dejan a la política tradicional sin refugio retórico. El segundo año consecutivo de superávit fiscal primario y financiero no es solo un logro técnico: es la demolición definitiva del mito fundacional del kirchnerismo y de toda la izquierda local. Durante décadas nos dijeron que el equilibrio era imposible, que ajustar era inmoral, que ordenar implicaba “hambrear”. Hoy, con números, Milei prueba exactamente lo contrario.
El año 2025 cerró con superávit primario y financiero, algo que la Argentina no lograba desde hace más de quince años, y que jamás había conseguido cumpliendo íntegramente con los servicios de la deuda pública. No hubo default encubierto, no hubo licuación vía inflación, no hubo manotazo discrecional. Hubo una decisión política simple y brutal: gastar menos de lo que entra. Algo tan básico que el estatismo convirtió en herejía.
El dato más incómodo para el progresismo no es solo el resultado fiscal. Es cómo se alcanzó. El gasto primario cayó un 27% real respecto de 2023, pero el gasto social directo —sin punteros, sin intermediarios— cubrió casi la totalidad de la canasta básica alimentaria. Pettovello ajustó a quienes vivían de los pobres y no al vulnerable. Esa distinción, tan obvia como revolucionaria, explica el odio.
Y hay algo todavía más disruptivo: el superávit se logró bajando impuestos. Eliminación del Impuesto PAIS, reducción de retenciones, alivio arancelario, fin de tributos distorsivos. Más de 2,5 puntos del PIB devueltos al sector privado. Para el manual keynesiano criollo, esto era imposible. Para Milei, era la condición necesaria. El ancla fiscal no es un capricho: es el corazón del programa económico. Y está blindada en el Presupuesto 2026. No hay marcha atrás.
Ese orden fiscal no es una planilla de Excel. Tiene consecuencias políticas, culturales y simbólicas. Cuando el Estado deja de saquear vía inflación, cuando baja impuestos y cumple sus compromisos sin relato ni trampa, ocurre algo que el kirchnerismo nunca supo administrar: legitimidad social sin clientelismo.








