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Economía

A pesar del acuerdo con el FMI, el Riesgo País vuelve a superar los 1.700 puntos y caen los bonos argentinos

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El acuerdo firmado por el Frente de Todos y Juntos por el Cambio no trajo los resultados prometidos, y la prima de riesgo sigue casi 400 puntos por encima del nivel que tenía tras la reestructuración de 2020.

La situación de Argentina frente a los mercados financieros volvió a empeorar rápidamente. El Riesgo País se disparó un 1,64% en la jornada del jueves y alcanzó los 1.755 puntos básicos y se estabilizó en 1.714. Esta prima de riesgo se encuentra en 360 puntos básicos por encima del nivel que tenía en septiembre de 2020, cuando el Gobierno llevaba adelante la reestructuración de deuda con acreedores privados.

Incluso comparando con estándares regionales la prima de riesgo argentina es elevada, y se encuentra 900 puntos por arriba de Ecuador, 1400 puntos por encima de Colombia y Brasil, y casi 1600 puntos por encima de Uruguay.

La ronda en la plaza bursátil también arrojó resultados severos. El índice S&P Merval, que sintetiza la actividad bursátil en la bolsa local, cerró con una contracción del 0,9%, luego de haber caído el día miércoles.

Los bonos en dólares emitidos por el Estado argentino corrieron la misma suerte, y su valor cayó un 0,3% en promedio por tercera jornada consecutiva. Esta cifra surge de considerar los títulos Globales con legislación extranjera y abonados en dólares.

El oficialismo culpó al escenario internacional por la caída de los instrumentos argentinos y la suba del Riesgo País. Entre otras razones, se destacó el aumento de la tasa de interés de la Reserva Federal en Estados Unidos, una estrategia que efectivamente encarece el costo de la deuda argentina.

Sin embargo, y a pesar de las circunstancias internacionales, el elevado diferencial de tasas de interés que debe soportar argentina responde a la pésima situación local. Si bien el acuerdo con el FMI prometía ser una garantía contra el default, y de hecho este argumento fue incorporado por Juntos por el Cambio, en realidad los mercados anticipan un default a futuro si no se cambian los parámetros pautados.

Para poder estabilizar la proporción de la deuda pública, Argentina debería abonar una tasa de interés cercana al 3% anual en dólares, que está “implícita” en las metas y supuestos del acuerdo con el Fondo, pero que no parece ni remotamente alcanzable. Esta falencia técnica dentro del acuerdo fue advertida por el Diputado Javier Milei, alegando que el acuerdo era inconsistente y que votarlo para “evitar un default” no era un argumento razonable.

Lejos de compartir la visión de Juntos por el Cambio, los mercados terminaron convalidando la postura de Milei, y esta es la razón principal por la cual el Riesgo País sigue por encima de los 1.700 puntos básicos.

Este hecho también se puede ver en el valor de recupero de los bonos argentinos. Acorde a esta medición indirecta, la probabilidad de un default esperado por los mercados alcanza el 15% en 2022, aumenta al 38% en 20232, se dispara hasta el 76% en 2024 y supera cómodamente 90% a partir de 2026.

Pero incluso con el actual cronograma de desembolsos, pagos y metas fiscales, el Gobierno kirchnerista puso en duda el cumplimiento de las metas y demandó una revisión de la proyección sobre el déficit fiscal primario, aún sin haber llegado ni tan solo la primera revisión trimestral del FMI.  

En las actuales condiciones macroeconómicas, el acuerdo con el FMI no supuso ningún cambio de trayectoria sobre las expectativas de los mercados sobre el desempeño fiscal y financiero de Argentina, ni tampoco estableció un esquema de reformas estructurales. 

Economía

Bomba de tiempo: El stock de pasivos remunerados llegó al 155% de la base monetaria y es de los valores más altos desde 1989

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El Banco Central ya acumula hasta 5,4 billones de pesos atrapados en instrumentos de esterilización, mientras que aumenta cada vez más la tasa de interés abonada por esos títulos.

Para contener el incremento de al menos una parte de la emisión monetaria, el Banco Central sigue apostando por una política de esterilización y para el mes de abril logró “atrapar” $5,4 billones. Estos pesos están contenidos en los títulos del BCRA o también llamados pasivos remunerados, siendo las Letras de Liquidez (Leliq) la herramienta más conocida y significativa entre ellos

Los mecanismos de esterilización, así como cualquier deuda o pasivo, no pueden sostenerse indefinidamente en el tiempo si crecen de manera explosiva. Se genera una suerte de “bola de nieve” con el potencial de estallar si eventualmente no se produjera una refinanciación. El stock de pasivos remunerados ya representa al 155% de la base monetaria, y hasta el 11% del Producto Bruto Interno.

La evidencia empírica a nivel internacional sugiere que no es posible superar entre un 15% y un 20% del PBI en concepto de este tipo de instrumentos, y que sea de manera sostenible a través del tiempo. Entre julio de 2021 y abril de 2022 el stock de pasivos remunerados promedió el 144% y son cifras que no se veían desde abril de 1989, el momento que antecedió a la hiperinflación más violenta de la historia argentina.

El “desarme” del stock de deuda acumulada por el Banco Central implicaría la liberación de todos los pesos contenidos artificialmente y, de ser ese el caso, la base monetaria se vería más que duplicada en cuestión de días. Esta situación no es algo que no pueda suceder, y de hecho se produjo en Argentina en 1959, 1975 y 1989, en todos los casos con un brutal efecto inflacionario.

Pero aun evitando este escenario, la factura por intereses que deben ser pagados por el Central sigue subiendo. Esto se debe a un efecto cantidad (incremento del stock de deuda) y un efecto interés, pues la política monetaria de referencia trepó del 38% al 49% en lo que va del 2022.

Los intereses de deuda remunerada también son financiados con emisión monetaria. Como el stock de deuda crece para rescatar los pesos que son emitidos para también pagar sus intereses (entre muchos otros motivos para la emisión monetaria), muchos economistas hablan de “bola de nieve” o “bomba de tiempo” para referirse a este mecanismo tan inestable que usa el Banco Central desde 2002. 

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Economía

El FMI anunció que no cambiará las metas del programa y el Riesgo País se disparó a casi 2.000 puntos básicos

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El organismo multilateral de crédito reiteró que no habrá ninguna modificación sobre el programa establecido con Argentina, luego de que Guzmán fallara en cumplir los primeros objetivos.

El Gobierno se muestra incapaz de cumplir las metas pautadas por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Ante los reclamos de Alberto Fernández, el Fondo volvió a pronunciarse al respecto de las metas y fue terminante: las metas del programa no se modificarán. Esto fue confirmado oficialmente por el vocero del Fondo Monetario, Gerry Rice.

Las revisiones son normales en todos los programas y estamos priorizando las medidas para que las metas se cumplan. Las metas no se van a cambiar”, anunció Gerry Rice.  

Si bien la primera revisión trimestral del Fondo pudo sortearse, para hacerlo el equipo de Guzmán recurrió a una manipulación contable al incluir a las rentas de la propiedad del Tesoro Nacional como ingresos corrientes, algo que no es correcto desde el punto de vista metodológico de las cuentas nacionales.

De no ser por la “contabilidad creativa” de Martín Guzmán, el Gobierno no habría podido contabilizar una partida por aproximadamente el 0,26% del PBI y, con ello, habría incumplido la primera meta trimestral con el Fondo. Esto solo evidencia la pésima credibilidad del oficialismo frente al cumplimiento del acuerdo.

En vista al futuro, las perspectivas son cada vez más pesimistas. El Gobierno no está llevando adelante una corrección en el valor real de las tarifas públicas capaz de contrastar con el drástico aumento inflacionario por lo que, sin una reducción efectiva de los subsidios, la meta de déficit primario para fin de año parece poco realista.

Al mismo tiempo, la falta de corrección fiscal obliga al Banco Central a cerrar las brechas de financiamiento con emisión monetaria, y el último paquete de monetización en mayo ya pone en riesgo la meta del FMI para el segundo trimestre del año. Nuevamente, el Gobierno aún no explica cómo hará para llegar al mes de junio con las metas debidamente alineadas.

Los mercados se anticipan a un posible incumplimiento argentino, y esto se ve reflejado en el índice de Riesgo País que elabora JP Morgan con la diferencia de tasas de interés en contra del país. El Riesgo País ya supera los 1.966 puntos básicos y es el valor más extremo desde agosto de 2020.

A pesar del acuerdo con el FMI a principios de este año, la prima de riesgo subió casi 300 puntos básicos desde entonces. Aunque existan pautas fiscales, monetarias y de divisas, sin credibilidad el programa no es capaz de dar ninguno de los resultados que promete, algo que fue advertido por diputados como Javier Milei, José Luis Espert y Ricardo López Murphy a la hora de la votación del acuerdo en el Congreso.

Lo mismo ocurre cuando si se contabiliza el valor de recupero de los bonos argentinos, que denotan de manera implícita una probabilidad de default. Si se cumpliera exitosamente el programa, la probabilidad de default ascendería al 15% para 2022, 33% para 2023, y a partir de 2024 se dispararía por encima del 74%. 

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Economía

Se derrumba Wall Street ante la amenaza por una nueva recesión en Estados Unidos

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Los programas de estímulo fiscal ya no surten efecto y la economía estadounidense muestra señales de agotamiento y la inflación no para. Las bolsas de todo el mundo tuvieron la peor caída desde el año 2020.

Los crecientes temores por la llegada de una nueva recesión a Estados Unidos ya se manifiestan en el mercado financiero más importante del mundo. Los principales indicadores de Wall cayeron en la mayor magnitud registrada desde 2020: el índice tecnológico Nasdaq se derrumbó un 4,7%, el S&P 500 cayó un 4%, el Dow Jones Industrial cayó un 3,6%, al término de la jornada del día miércoles.

Comparando la apertura de la bolsa de Nueva York en el mismo período, pero de años anteriores, el derrumbe actual es el más grande desde marzo y abril de 2020, cuando iniciaba la pandemia a nivel mundial. A su vez, considerando el valor de los activos en términos reales, la caída de este miércoles fue una de las más importantes registradas desde la década de 1930.

Los mercados buscan anticiparse a un escenario de estanflación. La economía estadounidense cayó un 1,4% en el primer trimestre del año, y según las estimaciones mensuales de la firma IHS Markit, la actividad permanece virtualmente estancada desde noviembre del año pasado.

El consumo del sector privado en términos reales sigue estancado desde octubre del año pasado, siendo que solamente registró un incremento del 0,3% en un lapso de 5 meses. A pesar de todos los programas de estímulo fiscal aprobados por Biden en 2021, el consumo privado recuperó la tendencia que tenía en 2019 y no se registró un efecto multiplicador significativo, según recientes estudios publicados por Robert Barro y John B. Taylor.

En el mismo período en el que se produce la desaceleración de la actividad económica, la inflación trepó del 6,8% interanual en noviembre de 2021 al 8,26% en abril de este año, registrando incluso un pico de 8,5% en el mes de marzo. Si esta tendencia continuara hasta el mes de junio (al término del segundo trimestre del año), entonces se establecería formalmente que la economía entró en estanflación.  

Los mercados también se anticipan a una mayor respuesta de la Reserva Federal vía tasa de política monetaria. La tasa efectiva de los bonos de la FED llegó al 0,83% en mayo y marcó un aumento de 50 puntos básicos con respecto al mes anterior.

La tasa de los bonos de la FED a corto plazo en los mercados secundarios ya supera el 1%, y los bonos del Tesoro a 10 años (usualmente tomados como referencia) marcan una tasa de interés por encima del 3%.

La suba de tasas corre por detrás del aumento de los precios, pero los mercados anticipan una mayor restricción del crédito en los próximos meses. Las caídas bursátiles y la amenaza de recesión contrastan con la idea de “aterrizaje suave” que se proponía lograr el presidente de la FED Jerome Powell a la hora de subir las tasas

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