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Economía

Argentina cada vez más lejos del Mercosur y del mundo: ¿Qué implica cerrarse?

El gobierno de Alberto Fernández decidió que Argentina dejara de participar en las negociaciones externas, exceptuando los pactos negociados con Europa. ¿Qué significa esto para los argentinos?

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Nuevamente, Argentina se encamina hacia una política vinculada
al mercado interno. Alberto Fernández desvinculó a la Argentina de las
negociaciones externas del bloque del Mercosur, y justificó su decisión basándose
en el mercado interno
. Planteó la necesidad de darle mayor prioridad a la
economía local, como un modo de combatir el efecto del virus chino y las medidas
de aislamiento social. Además, Fernández se defendió de las críticas, y aseguró
que el comportamiento de la Argentina no limita el accionar de los demás países
miembros del bloque
, así como sus decisiones en materia de negociación
exterior.

Sin embargo, la repentina decisión del gobierno argentino no
fue bien recibida
. Paraguay manifestó su descontento con la medida y, junto con
otros países miembros, no rechazaron la posibilidad de llevar a cabo acciones
legales contra nuestro país. Estas acciones buscan avanzar en el normal
funcionamiento del proceso de toma de decisiones del Mercosur, proceso que
Argentina estaría interrumpiendo al no ejercer sus obligaciones como miembro
pleno.

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También hubieron fuertes rechazos por parte de algunos economistas
y el bloque de Juntos por el Cambio
. La oposición arremetió contra el
oficialismo por la decisión, porque se hizo en el marco de un congreso sin
actividad y, por lo tanto, ellos no tuvieron participación. También se criticó a la medida por parte de sectores liberales. El economista, y ex-candidato a presidente, José Luis Espert, comparó la medida con
las que se toman en la Venezuela chavista.

Alberto Fernández no se apartó del tema, sino que incluso
redobló la apuesta. Se posicionó totalmente en contra de un avance en el tratado
de libre comercio con Corea del Sur, Singapur, Líbano y la India
. Es decir, la
vieja tradición argentina de cerrarse y buscar estimular al mercado interno.
Cerrarse implica no competir, precios internos altos y mantener una industria
ineficiente, en detrimento de la productividad.

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Haciendo un breve repaso histórico, el costo de cerrarse fue
muy caro para nuestro país. Entre 1945 y 1976, la industria argentina casi no
tuvo vinculación con el mercado internacional
, exceptuando procesos intermedios
entre otras diferencias de grado y forma. La apertura comercial a partir de
1977 duró muy poco y no logró abrir la economía totalmente. Durante la
presidencia del Dr. Alfonsín, nuevamente se optó por una mirada de corto plazo y
enfocada al mercado interno. Entre 1989 y el 2003, Argentina pudo reorganizar su
estructura arancelaria a partir de las reformas del Dr. Menem
, y vincularse más
con el exterior.

Con la llegada del kirchnerismo al poder, las trabas e
impuestos a las importaciones fueron aumentando. Entre 2005 y 2007, el gobierno
kirchnerista mantuvo los aranceles de importación relativamente estables, pero
aumentó toda clase de impuestos paralelos para afectar a las importaciones.

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Se aumentó la alícuota especial del IVA adicional que pagan sólo los productos importados, así como otros impuestos internos que solamente afectan a la misma clase de productos. Además, las barreras no arancelarias fueron reintroducidas
desde el 2002
y, hasta el día de la fecha, permanecen obstaculizando al comercio
exterior. Licencias no automáticas, declaraciones
juradas y permisos previos, son algunos elementos que introdujo de vuelta la política
kirchnerista.

Mauricio Macri se presentaba partidario de los beneficios
del comercio, y durante su gestión se redujo la participación de las barreras
no arancelarias, se eliminaron gran parte de las licencias y se flexibilizaron
los trámites. Pero la estructura impositiva siguió siendo ridículamente
restrictiva. Sólo el año pasado, el gobierno anterior aumentó la tasa estadística
de un 0,5% a un 3%, entre otros impuestos
.

El actual Presidente no muestra señales diferentes y
focaliza su discurso en priorizar el mercado interno, como en épocas
anteriores. Alberto Fernández sigue peligrosamente todos y cada uno de los
pasos de su predecesor Raúl Alfonsín

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Economía

Deuda con el FMI: ¿Qué consecuencias podría atravesar Argentina si no paga el vencimiento?

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Después de abonar los U$S1.100 millones adeudados en febrero, Argentina se quedará sin dólares para pagar los siguientes vencimientos, y podría entrar en cesación de pagos en marzo.

Las negociaciones argentinas por la renegociación del pago de la deuda que mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI) están en un punto complicado. Mientras Guzmán negocia atrasar los pagos, Alberto Fernández asegura que no pueden hacer ningún ajuste antes de 2027, algo que no contenta al Fondo.

Este viernes que viene y el martes próximo se vencen dos plazos de pagos que acumulan unos U$S1.100 millones, que apenas podrá pagar el Banco Central. El próximo pago es en marzo y con las reservas líquidas no va a alcanzar para pagarlo.

Sin un acuerdo rápido con el FMI un default es prácticamente una certeza, y esto tendría una serie de implacancias no solo para el mercado argentino si no para el mismo organismo internacional, que dejaría de recibir los pagos de la deuda más grande que tiene activa en estos momentos.

En principio, la negativa de pagar traería consigo tensiones fuertes en el mercado de cambios y a los activos financieros argentinos. El Riesgo País se dispararía, y el Banco Central se quedaría sin dólares para intervenir en el mercado de cambios, por lo que se podría esperar una fuerte suba en la cotización de los segmentos paralelos.

El otro punto, y quizá el que más preocupa, es que si Argentina se negase a pagar, podría a la larga ser expulsada como miembro del organismo. Y si bien no caería en default de manera inmediata, iniciaría un camino que la llevaría a ello.

En definitiva, el extremo máximo del incumplimiento con el FMI podría generar que el organismo haga público que uno de sus miembros incumplió el pago, difundiendo el monto y expulsándolo de Fondo. Esto imposibilitaría a la Argentina tener cualquier tipo de asistencia por parte del organismo y de cualquier prestamista privado, hasta tanto cancelase la deuda.

El freno del ingreso de dólares por parte de préstamos internacionales, si no se compensa con una baja del gasto público, obligaría al Banco Central a aumentar su financiamiento al Tesoro, lo que produciría más emisión monetaria de pesos y, por ende, más inflación.

Po último, y esto ya siendo una consecuencia de mercado, habría una importante caída de los flujos de inversión privados, dado el escenario económico de gran incertidumbre, por lo que entrarían incluso menos dólares al país y generando una espiral de escasez de divisas extranjeras que desembocarían casi certeramente en una hiperinflación.

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Economía

Brasil avanza en la desregulación del mercado de capitales y la inversión extranjera

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Bajo el liderazgo de Jair Bolsonaro y Paulo Guedes, Brasil avanza en la modernización del mercado de capitales local con el fin de establecer pautas regulatorias modernas y derogar el esquema obsoleto anterior. Los cambios brindarán mayor seguridad jurídica a los inversores.

El presidente Jair Bolsonaro parece decidido en seguir avanzando por la agenda por la desregulación de la economía brasileña. Bolsonaro finalmente logró la sanción de la Ley N° 5.387 formulada inicialmente en el año 2019, que supone la modernización del mercado cambiario, el mercado de capitales y el comercio exterior. Las medidas conforman un paso más hacia la liberación de las fuerzas productivas de Brasil.

Este proyecto, ya consolidado, propone continuar con la misma agenda reformista comenzada en 2019, cuando el propio Bolsonaro anunciaba la desregulación corporativa con el debido aval del Congreso, haciendo un especial énfasis en el mercado tecnológico. Además, a lo largo del 2021 y tras haber sorteado la etapa más dura de la pandemia, Bolsonaro impulsó nuevas leyes para favorecer la desregulación del mercado laboral.

Las disposiciones de la Ley N° 5.387 adoptan un esquema regulatorio con estándares internacionales, un elemento que favorece la inversión extranjera y la inserción de Brasil en el mercado global, al establecer reglas de juego claras y creíbles. Serán eliminadas todas las trabas legales y burocráticas para que los exportadores puedan disponer libremente de sus ingresos provenientes del exterior del país.

Se levantarán las regulaciones obsoletas que impedían canalizar la inversión extranjera en Brasil, por lo que se espera conseguir así una importante afluencia de capitales para invertir en numerosos sectores sin regulaciones limitantes, así como la posibilidad de proveer crédito a los empresarios locales. Quedará desregulada la inversión extranjera sobre concesiones y proyectos de infraestructura a largo plazo, en beneficio de la población brasileña y el desarrollo del país.

El nuevo marco regulatorio será lo suficientemente flexible como para garantizar un mayor abanico en la inversión de fondos por parte de las entidades financieras de Brasil, ya sean fondos captados en el mercado local como en el exterior. Esto será un punto clave para el desarrollo del mercado de capitales.

La ley sancionada por Bolsonaro implica la desregulación de las transacciones y transferencias internacionales, por lo que se permitirá la utilización del Real para diversas transacciones con el exterior, y se permitirán libremente todos pagos desde cuentas en reales radicadas en cualquier país del mundo.

El proceso de desregulación también contempla la habilitación para utilizar divisas en la cancelación de un gran número de obligaciones dentro de Brasil, cuando antes este tipo de operaciones se encontraban exageradamente limitadas.

De esta forma, las medidas apuntan a seguir profundizando la confianza en el exterior y en el mercado local, adoptando el rumbo de las reformas estructurales como la privatización de las empresas del Estado, la apertura arancelaria y la propia desregulación general de la economía. Brasil encara el proceso reformista más importante desde la década de 1990, un proceso que había sido brutalmente interrumpido durante las administraciones del PT.

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Economía

Argentina sin moneda: las políticas inflacionistas destruyeron el poder adquisitivo del peso

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Tras la salida de la Convertibilidad en 2002, el poder de compra del peso perdió terreno sistemáticamente. Actualmente un monto por 1.000.000 de pesos solamente es capaz de adquirir 4.566 dólares en el mercado sin intervención.

La emisión de dinero sin respaldo volvió a internalizarse en la política económica argentina desde la salida de la Convertibilidad el 6 de enero de 2002. Año tras año, el poder adquisitivo del peso argentino fue perdiendo terreno tanto en términos de bienes y servicios (inflación), como en relación a otras divisas.

Mientras que en la administración del presidente Carlos Menem era posible adquirir 1.000.000 de dólares por la suma de 1.000.000 de pesos, actualmente solo es posible comprar a duras penas un monto por 4.566 dólares en el mercado paralelo. Estas cifras ponen en evidencia la fuerte devaluación del peso desde 2002 y en adelante.

Domingo Cavallo, autor e impulsor del único programa económico de la democracia que derrotó a la inflación.

Aún considerando el tipo de cambio oficial minorista, solamente sería posible adquirir un monto de 9.600 dólares, pero esto se torna casi imposible debido a las fuertes restricciones que impone en cepo cambiario del Banco Central. Además, este valor resulta completamente ficticio pues no tiene en consideración al impuesto PAIS del 30%, ni tampoco la percepción del impuesto a las Ganancias por una alícuota del 35%.

Teniendo en cuenta estos dos impuestos, al valor de corriente del llamado dólar solidario”, solamente resulta posible adquirir 5.530 dólares con 1.000.000 de pesos. Sea cual sea el criterio que se tome como referencia, la devaluación del peso argentino es una realidad innegable que se produjo tras el abandono de la Convertibilidad.

Evolución histórica del poder adquisitivo de AR$ 1.000.000 considerando el dólar en el mercado cambiario libre.

Bajo la gestión del presidente Eduardo Duhalde la emisión de dinero volvió a financiar el déficit fiscal, y la masiva pesificación de depósitos y deudas privadas provocó una rápida y violenta expansión monetaria.

Más tarde, y pese al fuerte superávit en la administración de Néstor Kirchner, la emisión de papel moneda se destinó a la depreciación artificial del tipo de cambio nominal, pretendiendo así ganar competitividad a costa de reintroducir la inflación en la economía argentina.

Los fuertes desequilibrios fiscales producidos en las dos administraciones de Cristina Fernández de Kirchner fueron la piedra angular para consolidar la dominancia fiscal del sector público sobre el accionar del Banco Central. La reforma de la carta orgánica de la autoridad monetaria en 2012 permitió la adopción definitiva de una política monetaria anómala.

Finalmente, bajo la gestión de Mauricio Macri el BCRA no modificó su carta orgánica y las inconsistencias internas del programa económico, marcando una dicotomía entre la política monetaria y la fiscal, terminaron por seguir profundizando el proceso inflacionario.

Sin poder erradicar la dominancia fiscal, las políticas monetarias relativamente restrictivas impulsadas por el macrismo no dieron resultados debido a que los agentes descontaron una mayor emisión futura para financiar al fisco, y simplemente se produjo una drástica contracción de la demanda de pesos desde 2018 precisamente previendo esta situación.

Desde diciembre de 2019 y bajo el liderazgo de Alberto Fernández, no solo se continuó con un marco de fuerte dominancia fiscal, sino que además se descartó cualquier mesura en la emisión de dinero sin respaldo. Las medidas de aislamiento estrangularon la economía y pusieron una suerte de “techo” al proceso inflacionario en 2020, pero esta situación fue meramente temporal y actualmente Argentina enfrenta otra aceleración de la inflación.

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