Argentina se encamina a superar en este 2026 su máximo histórico de producción de gas natural registrado 22 años atrás.
De acuerdo con una estimación de Econométrica en base a datos del Ministerio de Economía, la producción alcanzaría los 53 mil millones de metros cúbicos (M³), por encima del récord de 52 mil millones de M³ alcanzado en 2004.
El dato marca un cambio sin precedentes respecto de la trayectoria que atravesó el sector durante las dos décadas posteriores. Según la estimación, después del máximo de 2004 la producción inició un descenso sostenido hasta tocar en 2014 un mínimo de 41 mil millones de M³.
Esa caída fue causada principalmente por las políticas aplicadas durante los gobiernos kirchneristas, entre ellas los congelamientos de tarifas y los controles de precios.
El informe.
Debido a las regulaciones extremas, los precios locales se ubicaron muy por debajo de los internacionales, lo que terminó reduciendo los incentivos de las empresas para invertir en exploración y desarrollo de nuevas reservas.
La menor oferta interna, frente a una demanda que continuaba en aumento, impulsada artificialmente mediante los subsidios, derivó además en una pérdida del autoabastecimiento.
Argentina pasó de ser exportador a depender de importaciones de gas mediante gasoductos desde Bolivia y barcos de gas natural licuado (GNL).
El cambio de tendencia comenzó posteriormente con la implementación de programas de estímulo, desregulaciones y medidas destinadas a generar condiciones más previsibles para las empresas. El objetivo fue reactivar las inversiones necesarias para incrementar la perforación y el desarrollo de reservas.
El presidente Javier Milei.
El impacto de las reformas de Milei
La llegada al poder del presidente Javier Milei aceleró fuertemente el proceso de transformación del sector energético. Entre las principales reformas implementadas, aparece el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que estableció estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria durante 30 años, junto con fuertes beneficios fiscales.
Este esquema permitió destrabar proyectos masivos de infraestructura privada, facilitar el acceso al financiamiento internacional y avanzar en iniciativas vinculadas con la licuefacción de gas para exportación.
Otro de los cambios fue el fin de los controles, la desregulación y el sinceramiento de las tarifas. La política oficial de no extender los mecanismos de intervención estatal permitió establecer precios acorde y alinear las reglas del sector con los mercados internacionales.
Gracias a estos cambios, se produjo una fuerte llegada de capital extranjero y se logró el avance de inversiones destinadas a desarrollar el potencial gasífero de Vaca Muerta y colocar la producción argentina en los mercados internacionales.
Así, la estimación proyecta que 2026 podría cerrar con 53 mil millones de M³ de producción, un volumen que no solo recuperaría el nivel alcanzado en 2004, sino que incluso lo superaría.