La inflación mensual de junio trepó un preocupante 5,2%, un salto que encendió todas las alarmas en los sectores productivos, financieros y sociales. Con precios desbocados y una creciente incertidumbre, Bolivia enfrenta una crisis de confianza que amenaza con agravar aún más la situación.
El origen del deterioro económico no es otro que el agotamiento del modelo heredado del expresidente Evo Morales, basado en el intervencionismo estatal, el control cambiario y el sostenimiento artificial de precios a través de subsidios con dólares del Banco Central. El país, que alguna vez fue exportador neto de hidrocarburos, hoy se ha convertido en un importador que depende de divisas escasas para garantizar el abastecimiento de combustibles y productos básicos.















