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Economía

El país se hunde con el kirchnerismo: el dólar CCL “libre” llegó a $206 y el Riesgo País supera los 1.700 puntos

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La paridad cambiaria en el segmento libre del contado con liquidación está fuera de control y llegó hasta los $206 en la jornada del viernes, mientras que el dólar “blue” cerró en $197,5. El Riesgo País llegó hasta los 1.711 puntos básicos y subió más de 20% en lo que va del año.

La economía kirchnerista se cae a pedazos. La jornada del día viernes estuvo marcada por una violenta volatilidad en el mercado cambiario. El dólar contado con liquidación “libre” se disparó y trepó a $206, un pico máximo de hasta $209 al mediodía.

En este segmento último el Banco Central no interviene con operaciones mediante bonos, y quedan atrapadas todas aquellas operaciones que ya no pueden darse bajo los nuevos endurecimientos del cepo. Se trata de un dólar que surge a partir de la compra y venta de acciones o títulos de deuda hacia el exterior.

Por su parte, el dólar paralelo o “blue” permanece en máximos históricos y cerró el día en torno a los $197,5. Esta paridad cambiaria canaliza el remanente de las transacciones que se encuentran estranguladas por las medidas del Central. La brecha cambiaria con respecto al dólar oficial se mantiene en casi 88%.

Pese a que se produjo una reducción del déficit primario desde diciembre de 2020, la gran volatilidad en el mercado cambiario refleja la poca credibilidad que logró el Gobierno y el equipo de Martín Guzmán.

La falta de confianza se traduce refleja en una prima de riesgo que no es propia de un país estable. El Riesgo País, medido por JP Morgan, subió hasta los 1.711 puntos básicos en la jornada del viernes, lo que representa un aumento del 23,6% en lo que va del año.

Evolución del Riesgo País desde enero de 2021 hasta el presente, según la base de datos de JP Morgan.

La restructuración con los acreedores de deuda externa no fue exitosa como proclama el Gobierno, pues la prima de deuda permanece en niveles irrisorios que responde a la desconfianza que inspiró el kirchnerismo desde su victoria en agosto de 2019.

Sin un acuerdo firme con el Fondo Monetario Internacional y sin un ajuste fiscal compatible con la disciplina fiscal, el Gobierno kirchnerista seguirá enfrentando una volatilidad cada vez más intensa en el frente cambiario y financiero.  

Economía

El Gobierno destinará 400 millones de dólares en el gasoducto de Vaca Muerta, sin financiamiento internacional

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Alberto Fernández dio el visto bueno para la ampliación presupuestaria que permite girar US$ 400 millones del Tesoro a la construcción del nuevo gasoducto, pero no habrá financiación internacional debido a la pésima reputación del kirchnerismo.

En una reunión con el secretario de Energía, Darío Martínez, el presidente Fernández decidió ampliar el presupuesto y girar US$ 400 millones desde el Tesoro para comenzar la construcción del gasoducto de Vaca Muerta. El gasoducto será bautizado como “Presidente Néstor Kirchner”, siguiendo así la vieja manía de bautizar con “Kirchner” a todos los proyectos que hace el gobierno kirchnerista.

El secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, poco y nada pudo hacer para llevar confianza al exterior en representación del Gobierno argentino. La pésima reputación del kirchnerismo sentenció al país a quedarse sin financiamiento internacional, y la obra deberá costearse enteramente con recursos propios en un momento delicado para el mercado cambiario.

La gran abundancia de dólares en el mundo, a bajos tipos de interés, no podrá ser de ninguna forma utilizada por la Argentina para financiar proyectos estratégicos como la ampliación de la infraestructura energética.

La mayor parte de los países en el mundo obtuvieron una enorme cantidad de recursos en concepto de crédito a baja tasa de interés y esta dinámica no estuvo solamente presente en los desarrollados, muchos países de la región latinoamericana como Chile, Brasil, Colombia, Perú y Uruguay también consiguieron acceso al financiamiento internacional. Argentina se ve renegada junto con Venezuela.

Aun así, el Gobierno decidió utilizar los pocos recursos que le quedan para comenzar las obras, buscando relanzar nuevamente el potencial de Vaca Muerta. El gran aumento de la producción petrolera, levemente interrumpido por la pandemia, responde al ordenamiento realizado desde 2016 sobre la producción de hidrocarburos no convencionales.

El gasoducto de Vaca Muerta busca canalizar el aumento de la producción energética para poderla distribuir exitosamente. En la actualidad, y a pesar de que aumenta la capacidad productiva, no es posible comercializar la totalidad del petróleo y el gas extraídos. El proyecto busca esencialmente resolver este problema de distribución.

Se busca también generar la capacidad técnica para poder exportar hidrocarburos, especialmente al mercado de Brasil por su enorme tamaño y dinamismo. Sin embargo, las políticas del kirchnerismo provocaron la dependencia energética y el fin del saldo exportador positivo desde mediados del 2005, una posición que aún no logra ser revertida por completo.

Si bien la producción de petróleo aumentó levemente tras haberse derrumbado en la pandemia, los niveles actuales son un 41,2% inferiores a los que había en 1998, el máximo histórico registrado para la producción petrolera argentina.

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Economía

Impuestazo del kirchnerismo: la Ley de Envases podría provocar un alza de casi 5% en los alimentos

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El oficialismo pretende lanzar una Ley de Envases con un fuerte impuesto implícito sobre los alimentos envasados. El impacto social de las medidas equivaldría a subir el IVA del 21 al 24% y afectará especialmente a las familias de más bajos ingresos.

El proyecto del kirchnerismo para sancionar una nueva Ley de Envases ya cosechó un amplio rechazo en diversos sectores de la sociedad. La ley busca introducir un tributo sobre una amplia canasta de alimentos envasados, buscando desalentar su consumo y favoreciendo la “agenda verde” del Gobierno.

Se estima que solamente esta medida provocaría un aumento del 4,6% sobre el promedio de los productos alcanzados, según asegura el economista Fausto Spotorno. De producirse este escenario, y considerando el nivel de inflación mensual, prácticamente se conseguiría añadir un mes extra de inflación para los productos envasados sujetos al impuesto.

Tradicionalmente, y como es de esperar, los impuestos sobre los productores se trasladan en mayor o menor medida a los consumidores. La parte que recaerá sobre los productores desalentará la producción y la oferta, mientras que la penalización sobre los consumidores finales desalentará la demanda.

El resultado de las medidas será que los productos se volverán menos accesibles, especialmente para las familias de bajos ingresos que destinan la mayor parte de su consumo a la compra de alimentos. La Tasa Ambiental de Responsabilidad Extendida del Productor (Tarep) es abiertamente regresiva y anti-productiva.

Por otro lado, este tributo generará un fuerte desincentivo para la inversión. Considerando que la inversión bruta interna fija del país no alcanza ni siquiera para compensar la reposición del capital, un intento tributario en contra de la inversión parece algo completamente descabellado.

El efecto del aumento tributario es similar a lo que ocurriría si el IVA fuera aumentado del 21% al 24%, en torno a los productos alcanzados por la Tarep. Lejos de ser un proyecto solamente “ecologista”, la ley persigue un claro objetivo recaudatorio que acompaña al ajuste fiscal por el lado de los ingresos que preparan Martín Guzmán y Alberto Fernández.

El economista Fausto Spotorno estima que la medida podría aspirar a recaudar hasta $426.000 millones, una cifra extraordinariamente alta. Estos recursos serían transferidos en un 85% al Fondo Nacional para la Gestión de Envases y Reciclado Inclusivo (FONAGER), un 10% al Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (FONDEP) y todo lo restante quedará para el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Se espera que, tal y como está planteado el proyecto en el Congreso, sea de muy difícil aprobación incluso dentro del propio bloque del oficialismo si no se proponen cambios sobre la tasa a los alimentos.

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Economía

En respuesta al alza de precios, Estados Unidos utilizará 50 millones de barriles de petróleo de sus reservas

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En medio del alza de precios más intensa en 30 años, el gobierno de Biden anunció el uso de las reservas estratégicas de petróleo, en un intento por contener los precios de los combustibles.

El presidente Joe Biden anunció que el Estado federal dispondrá de 50 millones de barriles de petróleo contenidos en las reservas estratégicas del país, que se guardan para catástrofes naturales o situaciones de guerra. Estados Unidos enfrenta el alza inflacionaria más alta desde 1990, y los aumentos se tornan más violentos en el rubro energético y de transporte.

La administración demócrata buscará generar un paliativo para el nivel de los precios energéticos, aunque la medida va en contra de su propia agenda “ecologista” que pretende encarecer los precios para energías provenientes del combustible fósil acosta de los contribuyentes.

La liberación de los barriles de petróleo constituye, además, una política coordinada a nivel global con el objetivo de evitar una mayor disparada de los precios energéticos. Medidas similares serán aplicadas en China, India, Reino Unido y Corea del Sur.

Además, la agenda de Biden avanza con presionar a la OPEC para que también aumente su oferta de petróleo. La política energética de Biden carece de sentido, pues tan solo horas después de su asunción, el Presidente dedicó todos sus esfuerzos por cancelar la construcción del Oleoducto XL Keystone, y volvió a instaurar decenas de regulaciones que habían sido eliminadas por Trump.

Las medidas en contra de la producción petrolera junto el actual incentivo activo a la oferta de hidrocarburos parecen completamente contradictorias.

Por su parte, si bien estas medidas constituyen un paliativo temporal para los precios de las tarifas públicas familiares, lo cierto es que no se han tomado mayores medidas contra la inflación, el principal problema económico que enfrenta hoy en día Estados Unidos.

El Gobierno demócrata aseguraba en los primeros meses del año que la inflación sería simplemente un fenómeno transitorio que compensaría a corregirse en el segundo semestre. Sin embargo, el índice de precios no solo no se corrigió, sino que comenzó a acelerarse en septiembre y octubre. La inflación interanual llegó al 6,2% en octubre, y solamente en ese mes los precios subieron un 0,9%.

El economista e histórico funcionario demócrata, Larry Summers, cuestionó la excesiva pasividad del Gobierno y aseguró que se está subestimando el peligro potencial que podría generar la inflación en la economía.

En la misma dirección, el premio Nobel de economía Robert Barro advirtió que, de no aplicar políticas correctivas sobre la inflación, se corre el peligro de dilapidar la reputación generada por la “Regla de Volcker”, una suerte de ancla nominal sobre las expectativas que logró consolidarse a lo largo de 3 décadas sin mayores sobresaltos.

Biden continúa insistiendo en su programa de infraestructura como una respuesta ante la escalada de precios. Según explicó el Presidente en reiteradas oportunidades, su programa reducirá los “cuellos de botella” que erróneamente responsabiliza por toda la inflación actual.

El economista y ex asesor de Ronald Reagan, Steve Hanke, se pronunció abiertamente en contra de las explicaciones de Biden y lo culpó por su falta de acción.

Hanke explicó que la inflación se debe al enorme crecimiento de la oferta monetaria con la llegada de la pandemia, bajo el liderazgo de Jerome Powell en la Reserva Federal.

A su vez, las políticas fiscales expansivas que se impulsan desde el Gobierno federal solo agregaron incluso más presión sobre los precios.

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