La reducción de impuestos y regulaciones impulsó un fuerte crecimiento del agro en los mercados globales.
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La Argentina alcanzó en 2025 un récord histórico de exportaciones agroindustriales, consolidando un fuerte repunte del sector tras años de estancamiento, pérdida de competitividad y retroceso productivo. Según datos oficiales, el país exportó 115,41 millones de toneladas, el mayor volumen registrado en al menos los últimos siete años.
El resultado representa un crecimiento interanual del 12%, una señal clara de reactivación del entramado productivo argentino. A este desempeño se sumó una mejora sustancial en el valor exportado: las ventas externas del complejo agroindustrial alcanzaron los 52.337 millones de dólares, lo que implica un aumento del 9% respecto del año anterior, en un contexto internacional exigente y con precios volátiles.
Javier Milei en la Expo Rural.
Uno de los aspectos más destacados del informe es la diversificación del crecimiento exportador. Un total de 132 productos agroindustriales registraron su mayor volumen exportado en al menos siete años, lo que refleja una expansión transversal del sector y no concentrada únicamente en los complejos tradicionales. En conjunto, estos productos explicaron 42 millones de toneladas, equivalentes al 36,5% del volumen total exportado.
Este desempeño confirma un cambio de tendencia estructural. Tras años de políticas orientadas a castigar la producción mediante presión impositiva, regulaciones excesivas e intervenciones discrecionales, el nuevo esquema económico comenzó a mostrar resultados concretos. La desregulación impulsada por el Gobierno, junto con la reducción de trabas administrativas y una señal clara de previsibilidad, permitió que el productor vuelva a planificar, invertir y ampliar su capacidad exportadora.
Javier Milei.
El crecimiento del agro no solo impacta en el comercio exterior, sino que fortalece la acumulación de divisas, mejora la balanza comercial y genera empleo genuino en todo el interior productivo. En un escenario global desafiante, la capacidad del sector para aumentar volumen y valor exportado demuestra competitividad y potencial de largo plazo.
A diferencia de modelos anteriores, basados en el intervencionismo y la desconfianza hacia el sector privado, el enfoque actual apuesta a liberar fuerzas productivas. El resultado es contundente: cuando se reducen impuestos y regulaciones, el agro responde. Con estos números, la agroindustria vuelve a posicionarse como uno de los pilares centrales del crecimiento económico argentino.