La Argentina se encamina a convertirse en una potencia exportadora de energía en la próxima década, en un contexto global marcado por la transición energética y la creciente demanda de hidrocarburos. Según un estudio de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH), el país podría alcanzar exportaciones energéticas por USD 41.758 millones anuales hacia 2035, siempre que se consoliden condiciones macroeconómicas estables y un fuerte incremento en las inversiones.
El informe plantea un escenario de expansión sostenida basado en el aprovechamiento de los vastos recursos naturales del país: Argentina cuenta con reservas suficientes para abastecer la demanda interna de petróleo por más de un siglo y de gas natural por más de dos siglos. En este marco, y con YPF como actor central, el objetivo estratégico es posicionar al país como exportador neto de energía hacia 2030, con foco en el desarrollo de Vaca Muerta, la inversión en GNL y mejoras en la eficiencia operativa.

Este cambio de paradigma se da en un contexto internacional donde la seguridad energética se convirtió en prioridad, especialmente tras la guerra en Medio Oriente. La necesidad de garantizar el abastecimiento, diversificar fuentes y avanzar en la transición energética abre una ventana de oportunidad inédita para la Argentina. En ese sentido, Carlos Ormachea, presidente de la CEPH, destacó el giro estructural que atraviesa el país: “Históricamente el aumento de precios internacionales se transformaba en un déficit creciente para la Argentina. Hoy, sin embargo, potencia el superávit de la balanza comercial”.
El estudio subraya que, por primera vez, la Argentina cuenta con la capacidad de abastecer su demanda interna y, simultáneamente, proyectarse como proveedor global: “Por primera vez en la historia disponemos de recursos para abastecer la demanda local y, a la vez, conformar una plataforma de exportación a gran escala destinada a abastecer la demanda mundial”.
Este escenario contrasta con el pasado reciente. La producción de petróleo cayó de forma sostenida hasta 2017 debido a precios internos desacoplados y el agotamiento de yacimientos convencionales. A partir de entonces, la recuperación de precios y el avance del no convencional impulsaron un crecimiento que alcanzó un récord histórico en 2025. En gas, la recuperación comenzó en 2013 con el Plan Gas y el desarrollo de Vaca Muerta, también con picos máximos en 2025.
Durante años, la combinación de caída productiva y aumento de la demanda derivó en un fuerte déficit comercial energético y un elevado peso de subsidios. El informe es contundente: “Durante las últimas décadas se verificaron extensos períodos con tarifas congeladas o con aumentos muy por debajo de la inflación, conduciendo a sensibles reducciones de las tarifas en términos reales”.
En ese contexto, los subsidios energéticos promediaron 1,7 puntos del PBI en la última década, siendo un factor clave del deterioro fiscal. Sin embargo, esta tendencia comenzó a revertirse: “A partir de 2022, los subsidios energéticos comenzaron a disminuir… En 2025 los subsidios totalizaron USD 3.999 millones, equivalente al 0,6% del PBI”, marcando un cambio hacia un esquema más sostenible y alineado con la disciplina fiscal promovida por la actual administración.
Para que el potencial exportador se materialice, el informe establece tres condiciones clave: un fuerte incremento de la inversión, la alineación de precios internos con valores internacionales y la consolidación de un marco regulatorio que incentive nuevas inversiones. Estos pilares resultan coherentes con el enfoque económico del gobierno, orientado a eliminar distorsiones y atraer capitales.










