Durante años, la combinación de caída productiva y aumento de la demanda derivó en un fuerte déficit comercial energético y un elevado peso de subsidios. El informe es contundente: “Durante las últimas décadas se verificaron extensos períodos con tarifas congeladas o con aumentos muy por debajo de la inflación, conduciendo a sensibles reducciones de las tarifas en términos reales”.
En ese contexto, los subsidios energéticos promediaron 1,7 puntos del PBI en la última década, siendo un factor clave del deterioro fiscal. Sin embargo, esta tendencia comenzó a revertirse: “A partir de 2022, los subsidios energéticos comenzaron a disminuir… En 2025 los subsidios totalizaron USD 3.999 millones, equivalente al 0,6% del PBI”, marcando un cambio hacia un esquema más sostenible y alineado con la disciplina fiscal promovida por la actual administración.
Para que el potencial exportador se materialice, el informe establece tres condiciones clave: un fuerte incremento de la inversión, la alineación de precios internos con valores internacionales y la consolidación de un marco regulatorio que incentive nuevas inversiones. Estos pilares resultan coherentes con el enfoque económico del gobierno, orientado a eliminar distorsiones y atraer capitales.













