En el inicio de 2026, la economía argentina atraviesa una etapa de transición marcada por contrastes, pero con un eje claro: la consolidación de un proceso de estabilización macroeconómica sostenido en el superávit fiscal y una política monetaria orientada a normalizar el régimen cambiario. Tras años de desequilibrios estructurales, el ordenamiento de las cuentas públicas se posiciona como el pilar central del programa económico. En este contexto, organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo proyectan un crecimiento cercano al 3,8% para 2026, ubicando a la Argentina como la economía de mayor expansión en la región. Este escenario responde a una combinación de factores: reformas estructurales, incentivos a la inversión y una reducción sostenida de la presión fiscal.
Entre las herramientas clave se destaca el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), que ha permitido destrabar proyectos de gran escala en sectores estratégicos como el petróleo y la minería. A esto se suma la baja de retenciones a economías regionales y la reducción de aranceles de importación, medidas que abarataron el costo de bienes de capital e insumos productivos, fortaleciendo la competitividad.

Sectores dinámicos: los motores del nuevo modelo
El nuevo esquema económico evidencia una fuerte heterogeneidad sectorial. Mientras el nivel agregado de actividad muestra crecimiento, ciertos sectores lideran con claridad. El economista Daniel Garro, director de Value International Group, afirma: “Todo lo que es energía, petróleo, gas, agroindustria, campo y servicios financieros son la parte más pujante y se van a seguir consolidando en el futuro”. Además, subraya que: “la macroeconomía ordena el escenario para que la microeconomía resuelva su eficiencia”, en referencia al impacto de las reformas.
En la misma línea, José Vargas, director de Evaluecon, describe el modelo como uno de “dos motores”, donde las actividades con ventajas comparativas lideran el crecimiento. Identifica como principales ganadores a Vaca Muerta, la minería (litio y cobre), la agroindustria y la economía del conocimiento.
Los datos respaldan esta tendencia:
Intermediación financiera: +24,7% en 2025
Minería y canteras: +8%
Superávit energético: USD 7.815 millones
Por su parte, Osvaldo Giordano, presidente del Ieral, señala que entre noviembre de 2023 y enero de 2025 la actividad creció 6,4% según el EMAE, aunque con fuertes disparidades. Destaca: “Intermediación financiera, minería e hidrocarburos y agro son los sectores más dinámicos. Industria y construcción registran fuertes caídas”. Para Giordano, el futuro dependerá de la profundidad de las reformas: “Depende de muchos factores, uno muy importante es la velocidad a la que avanzan las reformas que mejoran el entorno para la actividad productiva”.
El impacto de sectores como Vaca Muerta ya genera efectos indirectos en la economía real. Según Vargas: “El impacto de Vaca Muerta se canaliza a través de cadenas de valor como la logística, el transporte, la infraestructura y los servicios industriales de metalmecánica”. Garro, en tanto, advierte un fenómeno demográfico emergente: “Está empezando a haber muchas mudanzas, gente que se va de las grandes ciudades hacia el interior”, destacando que el interior resulta más eficiente “al dejar de haber políticas distributivas”. Si bien Giordano introduce cautela, reconoce que el desarrollo pleno llegará con infraestructura energética que permita gas abundante y barato, potenciando nuevas industrias.









