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Economía

Tres escuelas de pensamiento en pugna por la economía: El CEMA, la Mediterránea y la CEPAL

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El equipo económico detrás de Milei se respalda en la Universidad del CEMA, mientras que el equipo de Bullrich fue tomado por la Fundación Mediterránea. Por último, Massa se apoya en un grupo de economistas estructuralistas que siguen las ideas de Prebisch y la CEPAL.

La puja entre los principales candidatos a la presidencia esconde también una lucha por el rumbo que deberá emprender la economía a partir del 10 de diciembre. Es en este escenario que se destacan tres escuelas de pensamiento muy diferentes entre sí, los del CEMA, los de la Mediterránea, y los estructuralistas de la CEPAL.

El candidato liberal Javier Milei se sustenta en un grupo de economistas del núcleo de la Universidad del CEMA, de Carlos Rodríguez, mientras que la candidata de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich (así como anteriormente el ex-precandidato Horacio Rodríguez Larreta) se apoya en la Fundación Mediterránea de Carlos Melconian.

Por último, el candidato del kirchnerismo Sergio Massa se sustenta en un grupo de economistas de tendencia estructuralista, heterodoxa y “cepalista”, nombrados así por su admiración a Raúl Prebisch, el fundador de la CEPAL y asesor de Raúl Alfonsín. Cada uno sustenta un proyecto diferente, con matices entre la continuidad del caos económico actual y la posibilidad de un cambio en mayor o menor medida.

«El CEMA»: El equipo económico de Milei

La Universidad del CEMA se ha convertido en la escuela de pensamiento más importante del equipo económico que respalda a Javier Milei, una suerte de «chicago-boys» en Argentina, y cobra relevancia una vez más después de ser la columna vertebral de las políticas liberales de los 90s.

El último período en el cual había mantenido una influencia de tal magnitud fue en el segundo mandato del presidente Carlos Menem, cuando Roque Fernández fue nombrado ministro de Economía en agosto de 1996 tras la salida de Cavallo, y Carlos Rodríguez, fundador de dicha universidad, se desempeñó como Viceministro. Tanto Fernández como Rodríguez son los principales asesores de Milei en materia económica.

De todos modos, la influencia del CEMA en los 90s tuvo su mayor preponderancia en la gestión del Banco Central durante todo el gobierno menemista, primero por la exitosa administración de Roque Fernández del 1 a 1 entre 1991 y 1996, logrando superar el efecto tequila sin salir de la Convertibilidad.

Y más tarde con la gestión de Pedro Pou entre agosto de 1996 y abril de 2001, quien fuera finalmente desplazado por iniciativa de Fernando De la Rúa, momento en que empieza la debacle que llevó a la crisis de diciembre de ese año.

Fue gracias a los funcionarios del CEMA que Menem pudo eliminar la inflación en Argentina, emprender una necesaria reforma tributaria para bajar los impuestos al trabajo, se profundizó el proceso de privatizaciones (incluyendo los aeropuertos, el Correo y más tarde YPF en 1999), y se emprendió un fuerte ajuste fiscal entre 1996 y 1998.

Este grupo de economistas se caracteriza por un marcado liberalismo económico, con una tendencia fuertemente ortodoxa y basada en los principios de la economía neoclásica convencional. Este grupo avala el plan para dolarizar la economía, el cuál ya había sido discutido hacia fines de la década de 1990, pero que De La Rúa rechazó cuando llegó al poder.

Milei, que es de la corriente de pensamiento que se conoce como «escuela austríaca«, ha llegado a políticas de consenso con la escuela de Friedman que profesa la Universida del CEMA, entre ellas cerrar el Banco Central e implementar sistemas de vouchers para Salud y Educación.

«La Mediterránea»: El equipo económico de Patricia Bullrich 

El espacio de Bullrich y Juntos por el Cambio decidió inclinarse hacia las personalidades que forman la Fundación Mediterránea, actualmente liderada por el economista Carlos Melconian. Esta organización tiene sus raíces en Piero Astori y en la gestión del radical Eduardo Angeloz, que gobernó la provincia de Córdoba entre 1983 y 1995.

Sin embargo, su salto a la fama lo tuvo durante la gestión de Domingo Cavallo entre 1991 y 1996, quien llevó a muchos de sus economistas a su Gabinete cuando encabezaba el Ministerio de Economía de la Nación, aunque éstos fueron segundas línea de los funcionarios vinculados al CEMA.

De todos modos, luego de la crisis del 2001, la Mediterránea atraviesa un cambio en su línea interna, despotrica contra Cavallo y se acerca a la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), que los lleva a abandonar el liberalismo y adoptar una postura más bien desarrollista.

Dentro del think-tank, conviven posturas liberales y desarrollistas, adherentes a medidas más heterodoxas en contraste con el pensamiento del CEMA. Proponen un mayor gradualismo como estrategia para llevar a cabo las reformas estructurales, y promulgan una marcada defensa del bimonetarismo por sobre la dolarización.

Desde los 90s hasta ahora, su pensamiento no tuvo mayor influencia política, incluso ni siquiera durante el gobierno de Mauricio Macri, que prefirió dejar la economía en manos de los economistas del radicalismo y de la Coalición Cívica, como Alfonso Prat-Gay y Nicolás Dujovne.

«La CEPAL»: Las ideas económicas detrás de Sergio Massa

El candidato por el oficialismo fue el que menos expresó una agenda concreta en materia económica en lo que va de la campaña electoral, aunque se limitó a mantener un discurso marcadamente proteccionista y estatista, y como ministro ha continuado la misma línea de Martín Guzmán: mantener todo atado con alambres, y sobrevivir a base de emisión monetaria y toma de deuda extranjera.

La figura de Sergio Massa fue ampliamente respaldada por un grupo de economistas de tendencia estructuralista y heterodoxa, inspirada en la corriente que inició Raúl Prébisch en la CEPAL en el país en la década del ’50, y tomó fuerza durante el gobierno de Alfonsín.

En este grupo se encuentran personalidades como por ejemplo Matías Kulfas, José de Mendiguren, Matías Tomboloni e incluso Emmanuel Alvarez Agis, que en ocasiones se mostró crítico con respecto al Gobierno de Alberto Fernández.

El ideario del estructuralismo aboga por un diagnóstico diametralmente opuesto al que tienen los grupos de los candidatos anteriores, haciendo énfasis en que la crisis parte de una supuesta “matriz desequilibrada”, que solo se puede ordenar dirimiendo desde el Estado la puja distributiva entre sectores.

Además, hace énfasis en la “restricción externa”, y adhiere a una mayor injerencia del Estado sobre las operaciones del comercio exterior. Bajo este esquema de pensamiento se propone seguir impulsando la fallida industrialización por sustitución de importaciones, y avanzar hacia una mayor «pesificación» de la economía, a contracorriente de lo que expresa la sociedad.

Economía

El Banco Central rebajó la tasa de política monetaria de los Pases del 60% al 50% y se espera un colapso de la inflación

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La carga de intereses a cuenta de los pasivos remunerados es cada vez menor, después de la quinta reducción de tasas en lo que va de la presidencia de Javier Milei. La autoridad monetaria también tomó la decisión de incrementar nuevamente el encaje legal aplicado sobre las billeteras virtuales.

El Banco Central al frente del Presidente Santiago Bausili determinó una nueva reducción de la tasa de política monetaria de referencia, aquella a cuenta de los Pases, pasando del 60% al 50% nominal anual a partir del 2 de mayo. De esta forma, la tasa efectiva anual fue establecida en el 64,82% según informó el propio BCRA.

En otras palabras, los pasivos remunerados que emite el Banco Central pasan a abonar una tasa nominal equivalente al 4,2% por mes, a cuenta de los Pases que se renuevan cada día. 

La decisión oficial responde a la drástica caída de las expectativas de inflación para los próximos meses, un hecho que se refleja claramente en el informe de expectativas REM que elabora la autoridad monetaria. Las principales consultoras privadas del país también dan cuenta de esta situación, y proyectan un claro escenario de desinflación para 2024.

Las mediciones inflacionarias de alta frecuencia están reflejando el colapso de la variación de los precios minoristas en alimentos y bebidas. Para la consultora LCG, la variación semanal en este rubro fue negativa por más de 1 punto porcentual al término de la quinta semana de abril. 

Los sondeos de Alphacast también prevén una ligera caída de precios hacia la segunda mitad del mes pasado, considerando al rubro de los alimentos. En la misma dirección, el economista Alberto Cavallo (el hijo del exministro de Economía) anticipó mediante un índice diario de precios que la inflación ya está viajando al 5% mensual, descontando el efecto de las tarifas de los servicios públicos.

Entran en juego dos lógicas principales detrás de la rebaja de tasas. En primer lugar, la caída de la inflación efectiva y de la inflación esperada permiten una tasa de interés más baja, ya que de este modo se evita generar rendimientos excesivos medidos en dólares. Pero por otro lado, y más importante aún, la caída de la tasa de interés (en un contexto de cepo cambiario) permite sanear el balance del Banco Central y reducir la expansión monetaria a cuenta de los pasivos remunerados.

La carga de la deuda remunerada en pesos del BCRA es cada vez menor en relación al PBI, y lo mismo ocurre con el pago de sus respectivos intereses. Y desde el Gobierno nacional, el superávit fiscal concretado durante los primeros 3 meses del año permite anular cualquier tipo de financiación monetaria para el fisco.

El Banco Central de Bausili también tomó la decisión de elevar la tasa de encaje aplicado para billeteras virtuales del 10% al 15%, y de esta manera es altamente probable que disminuyan los rendimientos de alternativas como por ejemplo Mercado Pago, además del efecto que tuvo la reducción de tasas.

Se busca generar un marco de reglas de juego que genere incentivos para la compra de títulos públicos al Tesoro por parte del mercado. Esto responde a dos fines bien concretos: por un lado el rollover de la deuda interna en pesos a plazos más extensos, y en segundo lugar la retención de pesos para cancelar Adelantos Transitorios con el propio BCRA (una manera adicional para retirar pesos de la circulación).

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Economía

La reforma tributaria que propone Biden amenaza con destruir hasta 788.000 puestos de trabajo a tiempo completo para el año 2025

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Así lo sugiere un reciente informe de la Tax Foundation, estimando el efecto total de los aumentos impositivos que propone la campaña de Biden de cara a las elecciones. Se estima una reducción del 2,2% en la tasa de crecimiento potencial del PBI en caso de aprobarse los cambios.

El Presidente Joe Biden lanzó una agenda económica completamente radicalizada hacia la izquierda, buscando contentar al ala más extremista de su partido (anteriormente representada por el excandidato Bernie Sanders en la contienda electoral del 2020).

En este sentido, el Presidente recuperó una profunda impronta favorable a subir generalizadamente los impuestos en Estados Unidos, tanto para empresas como para personas físicas y para productos importados. Se buscan gravar ingresos, patrimonios y bienes con tasas sustancialmente más elevadas que las actuales.

La Tax Foundation desarrolló un reciente informe estimando el impacto económico que podría desatar el plan fiscal de Biden para el año 2025. Se estima una reducción total del 2,2% en la tasa de crecimiento potencial del PBI, una caída del 3,8% en el capital social potencial acumulado en las empresas, una reducción del 1,6% sobre la masa salarial promedio, y finalmente la destrucción de hasta 788.000 puestos de trabajo a tiempo completo en el sector privado, en relación a la cantidad que cabría esperar de no aprobarse las subas impositivas.

La agenda de los demócratas es, y por diferencia, la más ambiciosa y extremista desde la era de Franklin D. Roosevelt. El esquema tributario resultante de una eventual victoria de Biden en las próximas elecciones de noviembre queda resumido de la siguiente manera:

  • Aumento de la tasa del impuesto sobre la renta empresarial del 21 por ciento al 28 por ciento (a partir del año fiscal 2025)
  • Aumento del impuesto mínimo alternativo corporativo introducido en la Ley de Reducción de la Inflación del 15 por ciento al 21 por ciento (a partir de 2024)
  • Cuadruplicar el impuesto a la recompra de acciones implementado en la Ley de Reducción de la Inflación del 1 por ciento al 4 por ciento (a partir de 2024)
  • Hacer permanente la limitación de pérdidas comerciales excesivas para las empresas de paso
  • Limitar aún más la deducibilidad de la compensación de los empleados según la Sección 162
  • Aumento de la tasa impositiva global sobre ingresos intangibles de baja tributación (GILTI) del 10,5 por ciento al 21 por ciento, calcular el impuesto jurisdicción por jurisdicción y revisar las reglas relacionadas
  • Derogar la tasa impositiva reducida sobre los ingresos intangibles derivados del extranjero (FDII)
  • Ampliar la base del impuesto sobre la renta neta de inversiones (NIIT) para incluir ingresos comerciales no pasivos y aumentar las tasas del NIIT y el impuesto adicional de Medicare para alcanzar el 5 por ciento sobre ingresos superiores a $400,000
  • Aumento del impuesto sobre la Renta individual al 39,6 por ciento sobre ingresos superiores a $400 000 para declarantes solteros y $450 000 para declarantes conjuntos (a partir de 2024)
  • Gravar las ganancias de capital a largo plazo y los dividendos calificados a las tasas ordinarias del impuesto sobre la renta para Ingreso imponible por encima de US$ 1 millón de dólares, y gravar las ganancias de capital no realizadas en caso de fallecimiento por encima de una exención de US$ 5 millones, revirtiendo parcialmente la reforma de George Bush (2001-2003)
  • Triplicar los aranceles de importación para el acero y el aluminio provenientes de China, desatando una nueva guerra comercial con el gigante asiático

Pese a las subas impositivas, la administración Biden no propone un sendero sostenido de reducción del déficit fiscal, ya que la mayor parte del paquete tributario se vería acompañado por nuevas expansiones presupuestarias. 

Y a diferencia de la estrategia seguida por el expresidente Donald Trump, la guerra comercial con China que propone desatar Biden se produciría en un contexto de profunda caída en la competitividad fiscal de Estados Unidos, todo lo contrario a lo que ocurrió entre 2017 y 2020 (cuando las empresas estadounidenses disfrutaron de fuertes recortes impositivos).

Esto deja a Estados Unidos en una posición comparativamente difícil para forzar una nueva “tregua” con China en la cual se flexibilicen controles cambiarios o medidas arancelarias proteccionistas, como sí ocurrió tras el último acuerdo firmado en 2020.

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Economía

Con Milei, los bancos vuelven a cumplir su función fundamental: Prestarle dinero a familias y empresas y no al Estado

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Se redujo drásticamente la absorción de crédito a través del Estado nacional y el Banco Central, y se amplía la cantidad de recursos disponibles para ser prestados al sector privado productivo. La política económica del Gobierno produjo un punto de inflexión para el sistema financiero.

Desde la caída de la convertibilidad y el rebrote inflacionario en la Argentina, la proporción de crédito retenido deliberadamente por el sector público fue creciendo incesantemente en los últimos años.

El Estado se adueñó de una parte creciente en la cantidad de pesos disponibles generados por el ahorro del país, y en consecuencia se redujo la proporción canalizada por el sector privado (las familias y las empresas). Mientras que el crédito al sector privado superaba holgadamente el 20% del PBI durante el menemismo, al término del último experimento kirchnerista consiguió superar a duras penas el 7% del PBI en 2023

A partir de diciembre de 2023, la política económica ejecutada por el Presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo se propuso un giro drástico en la direccionalidad del crédito argentino. El superávit financiero del Sector Público Nacional (SPN) permitió liberar una gran masa de recursos para el sector privado, algo que hasta el momento parecía completamente imposible.

Por primera vez desde 2018 se produjo un rebrote de créditos hipotecarios, nuevamente atados a la unidad UVA más un cierto margen de rendimiento en términos reales. Estos créditos no solo permiten la reapertura del mercado de crédito inmobiliario, sino que además implican una fuerte presión para aliviar los aumentos sobre los precios de los alquileres.

A partir de la nueva política económica, los bancos privados debieron replantearse la canalización del crédito. El Gobierno nacional dejó de incurrir en amplias licitaciones por encima de sus posibilidades para financiar el déficit (las licitaciones actuales solo refinancian la deuda interna), y el Banco Central profundizó su agresiva política de rebajas en la tasa de interés que pagan los Pases (ahora hasta el 60% nominal anual).

Todo esto abrió la posibilidad de volver a financiar a las familias vía hipotecas, y a las empresas a través de diversos proyectos de inversión productiva. El Gobierno espera que este efecto, habitualmente llamado “crowding-in” o desplazamiento positivo, contribuya activamente a la reactivación de la actividad económica a partir del segundo semestre del año.

Dada la fuerte credibilidad en la política económica, el mayor ahorro del sector público (efecto recesivo) podría ser compensado por un repunte de la inversión del sector privado por la vía del crédito (efecto expansivo).

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