Ambos candidatos llegaron a esta instancia con una diferencia mínima: Noboa con 4′527.606 votos (44,17 %) y González con 4′510.860 (44 %). El resto, más de un millón de votos, provino de catorce candidaturas ahora fuera de la contienda.
Además, más de 2,4 millones de ciudadanos no acudieron a votar, y más de un millón sufragó en blanco o anuló su papeleta. Ese electorado, desenganchado o escéptico, representa una oportunidad para inclinar la balanza en esta segunda vuelta.
Mientras Noboa busca consolidar su narrativa de cambio responsable, González intenta seducir a la izquierda fragmentada, incluso con alianzas contradictorias. Este domingo planea firmar un acuerdo con Leonidas Iza, expresidenciable de Pachakutik, cuyo respaldo resulta cuestionable por la base indígena, dado el historial con el correísmo. La tensión se eleva y las emociones dominan los discursos finales antes del silencio electoral. La clave estará en cuán efectivas resulten las estrategias para movilizar a quienes aún no se sienten representados por ninguno de los dos.
En esta recta final, la contienda entre Noboa y González se define por la capacidad de atraer a los votantes huérfanos del sistema. Con un pasado que pesa sobre el correísmo y una campaña emocional en marcha, Noboa se perfila como una opción renovadora frente al regreso de viejas prácticas.