La violencia que azota a Ecuador ha cobrado una nueva víctima entre las filas de quienes nos protegen. El pasado 1 de marzo, el Cabo Segundo Bolívar Orlando Rosales Morocho perdió la vida mientras cumplía con su deber constitucional en la provincia de Esmeraldas, al enfrentarse a delincuentes que previamente habían asesinado a una persona.
Según informó la Policía Nacional del Ecuador, el valiente uniformado falleció al repeler un ataque armado contra dos antisociales, quienes resultaron abatidos durante el enfrentamiento. Las autoridades han calificado este incidente como un caso de uso legítimo de la fuerza.
Este trágico suceso pone de manifiesto la peligrosa realidad que enfrentan diariamente los miembros de la fuerza pública en su misión de proteger a los ecuatorianos. El Cabo Rosales, descrito como un "héroe con uniforme que mantenía su espíritu de servir y proteger", representa el sacrificio máximo en la lucha contra la delincuencia que amenaza la seguridad nacional.
Como bien señala el comunicado policial: "Cuando la vida de un policía se apaga, no solo pierde su familia o la institución, pierde el país, PERDEMOS TODOS". Esta frase refleja el impacto colectivo que tiene la pérdida de cada servidor público que arriesga su vida por mantener el orden y la paz.




