El lanzamiento de Call of Duty: Black Ops 7 volvió a poner a Activision en el centro de la conversación tecnológica tras confirmarse que algunas piezas visuales del juego fueron creadas con inteligencia artificial generativa, especialmente las Calling Cards. La noticia surgió luego de que jugadores notaran estilos gráficos similares a tendencias propias de imágenes producidas por IA, lo que llevó a la empresa a reconocer públicamente que utiliza una variedad de herramientas digitales —incluidas soluciones de IA— para apoyar el trabajo de sus equipos creativos.
Desde la compañía remarcan que el proceso sigue estando supervisado por artistas y desarrolladores, aunque esta aclaración no eliminó las dudas en torno a la magnitud exacta del uso de IA dentro del producto final. Este punto se volvió aún más relevante al considerar antecedentes previos en la franquicia, donde otras entregas también habían implementado recursos automatizados en determinadas etapas de producción.
Un debate que refleja transformaciones profundas en el sector
La discusión dentro de la comunidad gamer se potencia por la falta de precisión sobre qué elementos fueron generados por IA y cuál fue el grado de intervención de los equipos humanos. En el caso de Black Ops 7, declaraciones dispares entre portavoces de Activision y responsables creativos de Treyarch alimentaron el debate sobre transparencia y comunicación con los usuarios.

Esta situación no es aislada: estudios como Electronic Arts, Square Enix y Embark Studios ya han reconocido distintos usos de IA generativa para acelerar procesos, especialmente en etapas tempranas de diseño, aseguramiento de calidad o creación de prototipos. Incluso se registraron casos recientes —como el de Arc Raiders— donde el diálogo generado por IA llevó a cuestionamientos más amplios sobre la autenticidad artística y el rol del talento humano.









