El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una nueva orden ejecutiva destinada a reforzar la base industrial de defensa del país, una medida que endurece las exigencias para los contratistas militares y busca garantizar que los equipos, materiales y componentes utilizados por las Fuerzas Armadas provengan principalmente de proveedores estadounidenses o de países aliados.
La iniciativa forma parte de la estrategia de la administración para reducir la dependencia de cadenas de suministro extranjeras, especialmente de aquellas vinculadas con China, y fortalecer la capacidad de producción nacional en un momento de creciente tensión geopolítica.
En la orden ejecutiva, Trump sostiene que el poder militar de Estados Unidos no debe medirse únicamente por la calidad de sus armas o la capacidad de combate de sus soldados, sino también por la solidez de la industria que respalda al Pentágono. Según el mandatario, resulta indispensable que tanto los sistemas de defensa como las materias primas necesarias para fabricarlos, mantenerlos y repararlos sean obtenidos dentro del país o de naciones aliadas confiables.
''La política de Estados Unidos es que no solo el equipo militar desplegado por nuestras fuerzas armadas, sino también los materiales y componentes críticos necesarios para producirlo, mantenerlo y repararlo, provengan del territorio nacional o de aliados'', señala el texto de la orden presidencial.

La administración considera que durante años numerosos contratistas priorizaron el uso de proveedores extranjeros debido a menores costos o a procesos de adquisición más sencillos, una práctica que terminó debilitando la seguridad nacional y aumentando la vulnerabilidad frente a posibles conflictos internacionales. Trump sostiene que depender de minerales, componentes y tecnologías provenientes de países rivales representa un riesgo estratégico que debe corregirse.
















