Waltz denunció la corrupción de los líderes comunistas de la isla y acusó al régimen de La Habana de lucrar con el trabajo forzado de sus propios ciudadanos enviados a campos de concentración. El enviado de Trump hasta mostró una fotografía del fallecido dictador Fidel Castro utilizando dos relojes Rolex.
Cuando el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, fue a increpar a Waltz mientras este pronunciaba su discurso, la respuesta del funcionario trumpista fue contundente: "Yo soy el representante de los Estados Unidos de América! ¡Atrás! ¡Atrás, embajador! Aléjese. No me va a intimidar. ¿Usted entiende con quién está tratando?", reaccionó.
"Esto es Estados Unidos. Retroceda. La regla es clara. Éste es el centro del discurso. No hay procedimientos. Puede traer a todas las personas que quiera. Por favor, siéntese. Siéntese. No me va a intimidar en los Estados Unidos de América, como intenta intimidar a los presos políticos", exclamó Waltz, agregando que a los oficiales del régimen "no le gustan las verdades duras".