Tras 34 años, Spirit Airlines anunció el cese inmediato de sus operaciones, marcando el final de una de las aerolíneas más representativas del modelo de bajo costo en Estados Unidos y dejando a miles de pasajeros varados junto a cerca de 17.000 trabajadores sin empleo.
La compañía informó que iniciaba un ''cierre ordenado'' de sus actividades, aunque en la práctica la medida fue abrupta: todos los vuelos quedaron cancelados y los canales de atención al cliente dejaron de funcionar de forma inmediata. En distintos aeropuertos del país, pasajeros que desconocían la situación continuaron llegando para abordar sus vuelos, encontrándose con mostradores vacíos y sin asistencia.
El último vuelo de Spirit aterrizó en Dallas-Fort Worth procedente de Detroit, simbolizando el final de una empresa que durante décadas logró posicionarse como una alternativa accesible para millones de viajeros, presionando a la industria a reducir tarifas y ampliar la competencia.
Desde el gobierno federal, el secretario de Transporte, Sean Duffy, confirmó que la aerolínea cuenta con un fondo de reserva destinado a reembolsar a los clientes que adquirieron pasajes directamente. Sin embargo, advirtió que quienes compraron a través de agencias o intermediarios deberán gestionar sus reclamos por otras vías. También fue contundente al recomendar a los pasajeros que no se presenten en los aeropuertos si tenían vuelos programados con la compañía.














