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Rusia

Rusia inicia la “siguiente fase” de la guerra en Ucrania y lanza el asalto final sobre Mariúpol

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Un grupo de soldados del batallón Azov mantienen la resistencia en la ciudad de Mariúpol, pero Rusia ha concentrado su invasión en doblegar y hacerse de control de la capital portuaria.

Luego de 55 días de iniciada la invasión de Rusia sobre Ucrania, Putin ha desistido en sus intenciones de conquistar todo el país y ha concentrado todos sus esfuerzos sobre la región del Donbás y el sur ucraniano, algo que los medios rusos aseguran que fue el plan desde un principio.

Este lunes, el Kremlin dio la orden de iniciar la “siguiente fase” de la invasión, enfocada en expulsar hasta el último soldado ucraniano de la región del Donbás.

Rusia controla gran parte de esta región, donde busca instalar dos países títeres: la República Popular de Lugansk y la República Popular de Donetsk, pero todavía le falta imponer la hegemonía rusa en la ciudad costera de Mariúpol, el enclave más importante del Donbás.

Este martes el canciller ruso Serguéi Lavrov sostuvo que esta nueva etapa “será un momento muy importante en la operación especial”, y proporcionó algunos detalles de la nueva estrategia militar en territorio ucraniano.

Primero, la fase que comienza buscará “la liberación de las repúblicas de Donetsk y Lugansk“, es decir, una guerra concentrada en el Donbás.

Segundo, las tropas rusas podrían limitarse al uso de armas convencionales, lo cual implica una mayor participación de las milicias organizadas por las autoproclamadas repúblicas prorrusas. Por último, Moscú renunciaría a sus intenciones de deponer al presidente ucraniano Volodimir Zelenski o dividir el país en dos, como se había planteado originalmente.

Pero el anuncio parece llegar después del comienzo de la ofensiva. El Ejército de Ucrania informó más temprano que las fuerzas rusas ya estaban avanzando en su intento por “romper las defensas de las tropas ucranianas en las regiones de Lugansk y Donetsk, así como en hacerse con el control total de la ciudad de Mariúpol“, para mantener así “un corredor terrestre con la Crimea ocupada“. 

Por el momento, Rusia no ha indicado si la “siguiente fase” se trata en realidad de una fase final, una ofensiva a gran escala, o la vuelta al enfrentamiento armado que domina en la zona desde 2014. Zelenski aseguró ayer lunes que “una considerable cantidad de las fuerzas rusas están concentradas en esa ofensiva” y que siguen utilizando misiles y bombardeos para contrarrestar a las tropas ucranianas.

Ucrania insiste en que Rusia está enviando armamento y equipamiento militar “desde las regiones centrales y orientales” para reemplazar los equipos dañados, mientras que Zelenski sobrevive gracias a los miles de millones de dólares y euros que le envían desde Estados Unidos y la Unión Europea.

Una residente de Mariúpol camina este martes entre los restos de la ciudad. 

El Ministerio de Defensa de Rusia reiteró hoy el ultimátum a los soldados ucranianos y a los combatientes del batallón Azov para que abandonaran la planta metalúrgica Azovstal de Mariúpol, uno de los últimos puntos de resistencia de la importante ciudad.

Moscú había lanzado la misma advertencia el fin de semana, aunque sin respuesta por parte de Kiev. Los paramilitares nazis de Azov pidieron recientemente un corredor humanitario para evacuar civiles de Mariúpol, pero el Kremlin sostiene que en la planta de Azovstal solo hay “guerrilleros” y “mercenarios extranjeros”.

Moscú apuesta por la rendición total, o caso contrario las fuerzas ucranianas se exponen a la “aniquilación”. El vocero de las milicias de Donetsk, Eduard Basurin, dijo que “los grupos de asalto seleccionados para asaltar este lugar han empezado su trabajo” con apoyo de la aviación y artillería rusas. 

Irán

Irán ayudará a Rusia a construir aviones no tripulados para la guerra de Ucrania

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Según un informe de The Washington Post, Moscú y Teherán alcanzaron un acuerdo para la fabricación de vehículos aéreos no tripulados diseñados por Irán, fabricados en suelo ruso, para operar en Ucrania.

Después de semanas de atacar ciudades ucranianas con drones de fabricación iraní, Moscú ha llegado silenciosamente a un acuerdo con Teherán para comenzar a fabricar cientos de vehículos aéreos no tripulados en suelo ruso, según nueva inteligencia recopilada por Washington y otras agencias de seguridad occidentales.

El acuerdo, si se realiza plenamente, representaría una mayor profundización de la alianza Rusia-Irán que ya ha brindado un apoyo crucial para la vacilante campaña militar de Moscú en Ucrania. Al adquirir su propia línea de montaje, Rusia podría aumentar su arsenal de sistemas de armas relativamente baratos pero altamente destructivos.

Funcionarios rusos e iraníes finalizaron el acuerdo durante una reunión en Irán a principios de noviembre, que involucró a un equipo de negociadores de la industria de defensa rusa que viajaron a Teherán para resolver la logística. Los dos países se están moviendo rápidamente para transferir diseños y componentes clave que podrían permitir que la producción comience en pocos meses, dijeron tres funcionarios familiarizados con el asunto en entrevistas.

Rusia ha desplegado más de 400 aviones no tripulados de ataque de fabricación iraní contra Ucrania desde agosto, y muchos de los aviones se utilizan en ataques contra objetivos de infraestructura civil, como centrales eléctricas.

Después de verse obligado a abandonar la ciudad de Jersón, Moscú ha cambiado a una estrategia de ataques aéreos implacables contra ciudades ucranianas, utilizando una combinación de misiles de crucero y drones “kamikazes” llenos de explosivos, de origen iraní.

Especificaciones del Shahed-136, drones de fabricación iraní

Para Moscú, el acuerdo podría satisfacer una necesidad crítica de municiones guiadas de precisión, que escasean después de nueve meses de combates. El acuerdo también ofrecería beneficios económicos y políticos sustanciales para Irán.

Si bien Teherán ha tratado de presentarse como neutral en la guerra de Ucrania, la aparición de drones de fabricación iraní sobre ciudades ucranianas ha desencadenado amenazas de nuevas sanciones económicas por parte de Europa. Ante ello, parece que el liderazgo iraní cree poder evitar nuevas sanciones si los drones se ensamblan físicamente en Rusia.

Una delegación separada encabezada por el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolai Patrushev, viajó a Teherán el 9 de noviembre para discutir, entre otros temas, las sanciones económicas y otra “interferencia occidental” en los asuntos de sus gobiernos, según los medios de comunicación estatales rusos e iraníes. “Está procediendo rápidamente desde la toma de decisiones hasta la implementación“, dijo una fuente con conocimiento del acuerdo. “Se está moviendo rápido y tiene mucho vapor”.

Vladimir Putin y Alí Jamenei, dictador de Irán

La Casa Blanca se negó a comentar sobre el informe específico de la colaboración entre Rusia e Irán. Pero la portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, Adrienne Watson, dijo en un comunicado a The Washington Post que “Irán y Rusia pueden mentir al mundo, pero no pueden ocultar los hechos. Teherán está ayudando a matar civiles ucranianos a través de la provisión de armas y ayudando a Rusia en sus operaciones. Es otra señal de cuán aislados están tanto Irán como Rusia“.

“Estados Unidos, con aliados y socios, está buscando todos los medios para exponer, disuadir y enfrentar la provisión de estas municiones por parte de Irán y el uso de Rusia contra el pueblo ucraniano. Continuaremos brindando a Ucrania la asistencia de seguridad crítica que necesita para defenderse, incluidos los sistemas de defensa aérea”, agregó Watson.

La misión de Irán ante la ONU en Nueva York, en respuesta a preguntas sobre el acuerdo de intercambio de tecnología reportado, se negó a abordar las acusaciones específicas. Pero un portavoz reconoció que Irán y Rusia han “mantenido la cooperación bilateral en defensa, ciencia e investigación, que es anterior al inicio del conflicto ucraniano”.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a pesar de que Teherán ha declarado públicamente su neutralidad en la guerra, criticó duramente la decisión de Irán de suministrar armas a Rusia y pidió nuevas sanciones contra la república islámica. “Su complicidad en el terror ruso debe ser castigada”, dijo en un discurso televisado hace un par de semanas.

Después de negar previamente que haya suministrado drones o misiles a Rusia, un portavoz iraní a principios de este mes reconoció que Teherán había vendido algunos de sus drones a Moscú, pero aseguró que lo hizo antes de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero. Esa afirmación ha sido cuestionada después de exámenes independientes de drones derribados recuperados dentro de Ucrania.

Algunos de los drones contenían piezas iraníes estampadas con una fecha de fabricación de febrero de 2022, lo que arroja dudas sobre si el avión podría haber sido ensamblado, enviado a Rusia y desplegado antes de que comenzara la guerra.

Irán tiene un largo historial de suministro de armas a grupos de milicias pro-Teherán, y también por ayudar a comenzar la producción local de misiles y drones diseñados por Irán. Entre los beneficiarios anteriores se encuentran gobiernos y milicias en el Líbano, Yemen y Siria, dijo Michael Knights, especialista de Medio Oriente del Instituto Washington para la Política del Cercano Oriente. “En este caso, Irán está actuando como una oficina de diseño para una gran potencia”, agregó Knights.

Después de gastar miles de sus misiles guiados de precisión en ataques contra Ucrania, Rusia ha recurrido cada vez más a su socio iraní para aviones no tripulados de ataque que Knights describe como “la ola del futuro: barato, rápido y lo suficientemente bueno”.

Rusia ya posee una serie de vehículos aéreos desarmados, que se utilizan principalmente para la vigilancia y la detección de artillería. Pero Moscú no ha invertido en grandes flotas de drones armados del tipo que las fuerzas estadounidenses han utilizado en campañas militares en Afganistán y Medio Oriente.

Más drones iraníes Shahed enviados por Irán a Moscú

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Economía

La economía rusa se derrumba un 4,1% en el segundo trimestre del año por las sanciones de Occidente

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La actividad económica de Rusia se contrajo fuertemente al término de la primera mitad del año, aunque la caída efectiva casi 4 veces menor a lo que estaba previsto por los analistas. 

Las severas sanciones internacionales impuestas a Rusia provocaron un rápido shock sobre su actividad económica y sobre las perspectivas de crecimiento para los próximos meses. El PBI ruso registró una fuerte caída del 4,1% en el segundo trimestre del año, la mayor retracción observada desde el segundo trimestre de 2020 en plena pandemia

El shock negativo es explicado mayormente por la caída de las exportaciones, la retracción del crédito interno por la crisis bancaria y el aislamiento del país al sistema SWIFT internacional.

Pero si bien la crisis observada es la más grande desde la pandemia, lo cierto es que el impacto fue considerablemente menor en comparación a las perspectivas de los analistas. Las proyecciones más optimistas esperaban una contracción de al menos el 15% sobre el PBI ruso en el segundo trimestre, por lo que el dato efectivo fue casi 4 veces menor

El salto inflacionario también fue inferior a lo previsto. Los precios minoristas aumentaron su tasa de variación interanual del 9,2% en febrero al 16,7% en marzo tras el estallido de la guerra en Ucrania, pero posteriormente la inflación se desaceleró paulatinamente hasta alcanzar el 12,6% interanual en octubre

La tasa de desocupación no se vio alterada y permaneció en valores cercanos al 3,9% entre abril y octubre. Asimismo, la evolución de los salarios no logró compensar el aumento de los precios. Las remuneraciones reales se desplomaron un 7,2% interanual en abril, y 1,2% durante el mes de octubre

El Estado ruso conservó el superávit fiscal a pesar de los gastos extraordinarios que exige el conflicto bélico. Las arcas públicas tuvieron un superávit consolidado equivalente al 1,7% del PBI en junio, disminuyendo levemente en comparación al 2,12% registrado durante los primeros 3 meses del año. 

Sin lugar a dudas el mayor impacto económico por la guerra acontece en Ucrania. El PBI ucraniano se desplomó violentamente hasta un 37,2% en el segundo trimestre del año, después de haber caído hasta un 15,1% en el primer trimestre. Esta reversión económica fue holgadamente superior a la caída del 11% provocada por la pandemia entre marzo y abril de 2020.

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Rusia

Rusia anuncia la retirada de sus tropas de la ciudad clave de Jersón, recientemente anexada por Putin

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Las Fuerzas Armadas Rusas abandonaron la ciudad de Jersón, replegando sus tropas al otro lado del río. Zelénski insta a la prudencia y asegura que todavía no recuperó la masiva región ucraniana.

Putin se prepara para abandonar sus posiciones más occidentales en Ucrania, particularmente en la ciudad de Jersón, capital de la provincia de Jersón, la cual fue recientemente anexada a Rusia tras una polémica elección de independencia.

Si bien se trata de una decisión lógica desde el punto de vista militar, es un golpe bajo para la imagen del segundo mayor Ejército del mundo. Para las autoridades ucranias, en cambio, sería una de las noticias más esperadas desde que el presidente Volodimir Zelénski afirmara en junio que recuperar Jersón debía ser la prioridad número uno de las Fuerzas Armadas.

Las Fuerzas Armadas de Ucrania, aunque menos preparada que las rusas para el conflicto armado, mantiene una línea de crédito prácticamente infinito para armar a sus soldados con tecnología militar de punta de la OTAN. La guerra en Ucrania se ha convertido en el conflicto entre Rusia y la OTAN más directo en la historia, con países como Estados Unidos y la Unión Europea enviando recursos no solo militares si no que financieros y estratégicos.

El anuncio del Ministerio de Defensa de Rusia supone el mayor repliegue organizado por las tropas rusas desde la retirada de finales de marzo del frente de Kiev. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, ordenó a las tropas que se retiraran de la orilla occidental del río Dniéper y se trasladaran a la otra orilla, otorgando todo el territorio al oeste del río a los ucranianos.

“Entiendo que esta es una decisión muy difícil”, dijo a Shoigú, el máximo comandante militar en el conflicto por parte de Rusia. “Al mismo tiempo, salvaremos la vida de nuestros militares y, en general, la capacidad de combate del grupo de tropas, que es inútil mantener en la ribera derecha en un área limitada“, agregó.

“Al analizar de forma integral la situación actual, la propuesta es formar la defensa a lo largo de la margen oriental del río Dniéper”, aseguró. El militar, que fue nombrado responsable de las tropas en Ucrania, argumentó que la salida de esas tropas “liberará fuerzas y medios para otras operaciones activas, incluidas ofensivas”.

Mapa previo a la retirada rusa. Toda la región al oeste del Río Dnieper fue evacuado por Rusia.

Rusia admite que debe renunciar a los territorios que mantenía ocupados en la orilla occidental del Dniéper por el riesgo de que sus tropas queden aisladas ante el avance ucraniano.

“Todos los que han querido se han ido de la zona”, ha afirmado Shoigú ante el alto mando ruso tras asegurar que “unas 115.000 personas han abandonado el territorio“. El comandante, hasta hace poco encargado de las Fuerzas Aerotransportadas de Rusia y partidario de los bombardeos masivos contra Kiev, ahora maneja todas las Fuerzas Armadas de la Federación.

Shoigú ha admitido que la presión ucraniana es constante. Aunque sus datos aseguran que un 80% de los misiles ucranios son derribados, “hasta un 20% de ellos alcanzan sus objetivos”.

Shoigú Surovikin ha salvado a 1.000 soldados que estaban en un cerco real a punto de ser matados”, ha escrito el líder de la región del Cáucaso en Telegram. “No hay por qué hablar de rendición (…). Surovikin protege al soldado y toma una posición estratégica más ventajosa”, añadió Kadírov, que cree que ha actuado “como un verdadero general, sin miedo a las críticas”.

“Todavía estamos abiertos a mantener negociaciones. Nunca las abandonamos, estamos listos para llevarlas a cabo, pero, por supuesto, teniendo en cuenta las realidades que se están gestando en este momento”, ha afirmado este miércoles la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova. Un día antes, el presidente ucranio, Volodímir Zelénski, mostró su disposición al diálogo con Rusia, pero con varias líneas rojas; entre ellas, que se restaure “la integridad territorial de Ucrania”.

Tanto los servicios de inteligencia británicos como el Instituto para el Estudio de la Guerra, uno de los centros de análisis más citado en el conflicto en Ucrania, habían advertido en los últimos días de que la retirada rusa era probable y que las fuerzas de Putin estaban ya centrándose en reforzar las defensas en el interior de la provincia y en la costa del mar Negro para garantizar la seguridad del suministro para sus unidades desde la península de Crimea.

En una primera reacción de Kiev, Mijailo Podoliak, el principal asesor del presidente Zelenski, optó por la prudencia al declarar a la agencia Reuters que “es demasiado pronto para dar por bueno el anuncio de Shoigú“, y ha insistido en que no solo continúa habiendo unidades militares en la ciudad de Jersón y en la región, sino que han incorporado nuevas. “Hasta que la bandera de Ucrania no ondee en Jersón, no tiene sentido hablar de la retirada rusa”, añadió.

Por su parte, el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, anunció este miércoles la formación de cuatro administraciones militares en Jersón, coincidiendo con la retirada de las tropas rusas. El jefe de Estado firmó un decreto en el que establece cuatro nuevas administraciones: en el pueblo de Dolmatovskaya, ubicado en la ciudad de Skadovsk; en Hola Pristan, en Kajovka; y también en Krestovsk, después de algunos meses bajo control administrativo ruso.

Moscú, cuyas tropas habían conquistado Jersón el pasado 3 de marzo, anexó formalmente esta provincia el 30 de septiembre, junto a las de Donetsk, Lugansk y Zaporiyia, tras unos referendos no reconocidos por la comunidad internacional. Donetsk y Lugansk se han mantenido en manos prorrusas desde que estalló la guerra de Donbás en 2014, y son hoy las posiciones más fuertes de Rusia en Ucrania.

Ucrania inició una contraofensiva masiva en el verano, recuperando casi toda la región de Járkov y algunos lugares en Lugansk al este, la otra provincia que ahora tiene en sus ojos Zelenski.

El presidente Volodimir Zelenski, anunciando la captura de Jersón.

La retirada marca otra gran derrota para el Kremlin después de que Ucrania retomó grandes áreas de territorio alrededor de Járkov. Jersón fue la primera capital regional en caer bajo la invasión rusa del 24 de febrero y fue uno de los territorios que más celebró el Kremlin durante la anexión.

Putin respondió intensificando su ofensiva de nueve meses, movilizando al menos a 300.000 reservistas, anexando cuatro regiones y desatando una serie de ataques contra objetivos civiles. A partir del 10 de octubre, Rusia ha apuntado cientos de misiles y drones a la infraestructura energética crítica en toda Ucrania, dañando alrededor del 40% de las instalaciones energéticas del país, según Zelensky.

El gobierno de Zelenski manifestó en su cuenta de Twitter que “los recursos rusos están cerca de estar al límite. Por eso piden de forma histérica una pausa, negociar”. En ese contexto se produce la visita de Nicolai Patrushev, secretario del Consejo de Seguridad ruso, a Teherán, buscando una manera de continuar la guerra consiguiendo misiles y drones, “para compensar su falta de misiles”.

A diferencia de anteriores reveses militares de Moscú, que acabaron costando el puesto al general Alexánder Lapin, la retirada de Jersón tiene el aval de Putin y ha sido bendecida por dos de las figuras más furibundas del círculo del Kremlin: el empresario Yevgueni Prigozhin, dueño del grupo de mercenarios Wagner, y el presidente checheno, Ramzán Kadírov.

“La estrategia ucraniana en Jersón se ha basado en interrumpir su cadena de suministros y está funcionando porque en la orilla occidental del Dniéper tienen evidentes limitaciones de recursos”, explica Mark Savchuk, reconocido analista ucraniano.

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