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Francia

Macron se dio cuenta que la educación pública favorece más a las clases altas que bajas, y lanzó un plan de “des-elitización” de las universidades nacionales

El presidente francés Macron comenzó un ambicioso plan de “des-elitización” de la educación pública, eliminando privilegios de la clase alta en las academias de formación de futuros funcionarios y políticos y así impulsar el “ascensor social”.

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El presidente francés Emmanuel Macron lanzó un novedoso plan que tiene como objetivo impulsar la igualdad de oportunidades en la sociedad francesa y reactivar el ascensor social mediante la “des-elitización” de las academias de formación de futuros políticos y funcionarios.

Uno de los principales disparadores de la propuesta fue la revelación de los nuevos datos de la Escuela Nacional de Administración (ENA), la academia pública más prestigiosa en cuanto a la preparación de futuros funcionarios públicos del país.

Los números indicaron que la última promoción graduada de la ENA en 2020 tiene apenas un 1% de los estudiantes que pertenece a la clase baja de ingresos económicos en Francia. Hace décadas este número no para de reducirse. Por ejemplo, en 2006 los graduados del ENA considerados de clase baja rondaban el 6%, seis veces más que en la actualidad.

Este dato revela una realidad muy cruda de la socialización de la educación: sin una activa agenda que promulgue la educación pública universal, las universidades públicas terminan siendo aprovechadas por las clases sociales más altas, quienes en definitiva son quienes las pagan a través de sus impuestos.

Las clases más bajas generalmente no pueden darse el lujo de estudiar, ni siquiera “gratis”, ya que deben poner sus esfuerzos en el trabajo. Esto lleva a que las escuelas nacionales terminen con altos porcentajes de graduados de clase meda y clase alta.

Macron recién se está dando cuenta de esto, pero economistas como Friedrich Von Hayek y Henry Hazlitt avisaron de este fenómeno hace casi 60 años.

Vista aérea de las instalaciones de la ENA.

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En el texto difundido por el gobierno francés se habla de construir una sociedad con igualdad de oportunidades, disciplina y excelencia a nivel nacional.

La principal propuesta elevada sobre la mesa es la intención del gobierno de hacer que la ENA otorgue 1.000 plazas extra cada año a alumnos de calificaciones sobresalientes provenientes de escuelas o barrios con “bajos ingresos”.  

En la actualidad, Francia, un bastión del “socialismo europeo“, es de los peores países del continente respecto a movilidad social y ascenso de clases. Se estima que una familia de bajos ingresos promedio tardaría hasta 6 generaciones en lograr alcanzar la clase media, un dato muy poco alentador en comparación con el estándar europeo. 

Macron junto al expresidente François Hollande, ambos graduados de la ENA.

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Para poner en perspectiva el fracaso de la inclusividad del socialismo francés, en Dinamarca o Italia, países europeos cercanos geográficamente a Francia, se tardan apenas entre 2 y 4 generaciones en ascender de clase baja a media. 

En el ranking europeo, Francia pierde abismalmente contra países como el Reino Unido, Alemania o incluso Rusia, quienes han llevado a cabo importantes procesos de liberalización de sus economías durante la década del 90.

Francia, a pesar de haber tenido ciertos intentos de aplicar medidas de ese estilo en los últimos años de François Mitterrand (1981-1995), siempre buscó conciliar una economía moderna y capitalista con el paradigma del socialismo europeo democrático, que llevó a la pobreza y al conflicto político no sólo en territorio francés si no que en todo Europa.

Esto se suma a que en Francia el nivel de sindicalización es significativamente alto, solo superado por España y Grecia, endureciendo el mercado laboral, dificultando la utilización plena del salario y frenando la movilidad social.

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Francia

Rusia le corta el suministro de gas a Francia y Macron anuncia un plan de racionamiento de energía

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El Gobierno francés anticipó un “Plan de Ahorro de Energía” para empresas y ciudadanos, y pedirá que se reduzca en un 10% el consumo en todo el país.

La compañía francesa Engie informó que el gigante ruso Gazprom cerró el grifo y cortó completamente el suministro de gas a Francia este martes, que ya había caído sustancialmente desde el inicio de la guerra en Ucrania, luego de que el gobierno impidiera a las empresas pagar los contratos en rublos.

El flujo mensual de gas de Rusia se encontraba actualmente alrededor de los 1,5 TWh, frente a los suministros anuales totales de Engie en Europa por encima de los 400 TWh. La empresa informó que ya había implementado un plan de compras por vías alternativas y que tiene los volúmenes necesarios hasta fin de año para cumplir sus compromisos con sus clientes en Francia.

Sin embargo, el presidente francés Emmanuel Macron, tal vez no confiando en que el suministro esté asegurado o sabiendo que el suministro se podría cumplir pero con precios exorbitantes, anunció este mismo martes un plan de racionamiento de energía.

Bajo el menos impactante nombre de “Plan de Ahorro de Energía“, Macron quiere reducir en un 10% el consumo de energía de todos los franceses en un plazo de dos años. “Si no se reduce el consumo habrá riesgos de restricciones energéticas con impacto sobre el empleo, y es algo que queremos evitar a toda costa”, afirmó el portavoz del Gobierno, Olivier Véran, en unas declaraciones a France Info.

La primera ministra, Élisabeth Borne, ya anunció ayer lunes que las empresas deben presentar planes de sobriedad energética, que incluirá recortes en horarios de producción, y nombrar un mediador energético que estará encargado de la supervisión y aplicación de esos planes de ahorro.

Luego de que se implemente el racionamiento de energía en las empresas, llegará el turno de los consumidores privados, probablemente en octubre. Macron anticipó que se presentará una “hoja de ruta” y habrá una “campaña de información ciudadana“, para “concientizar” en la importancia de reducir el consumo.

Si bien Francia no cayó en la trampa ecologista de rechazar la energía nuclear, y un 70% de la electricidad consumida proviene de reactores nucleares, el 7% de la producción proviene del gas importado de rusia. Una caída repentina del 7% de la producción parece poco pero implica masivos cortes de luz y fábricas cerradas.

Además, Francia actualmente tiene un plan para reducir en un 50% la producción de energía nuclear para 2035, por lo que ese porcentaje de producción en base de gas, cada año aumenta, y se espera que en 2023 será del 9%.

Por último, actualmente la mitad de los 54 reactores nucleares franceses están completamente parados por procesos de recarga de combustible o problemas de corrosión en los circuitos de refrigeración, luego de que el gobierno de Macron no permitiera llevar a cabo el mantenimiento programado para principio de año para que no haya suba de precios durante las elecciones presidenciales.

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Francia

Encuesta CSA: El 70% de los franceses ahora rechaza la inmigración libre y pide controles fronterizos

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A diferencia de los números de encuestas del 2017, ahora más de siete de cada diez personas en Francia están a favor de una reducción “considerable” en la cantidad de inmigrantes que ingresan al país.

El Instituto CSA en una nueva encuesta divulgada por la emisora francesa CNEWS, que tuvo lugar el día viernes 29 de Julio, reveló que el 71% de los entrevistados cree que la tasa de inmigración en Francia debe reducirse “significativamente”, en comparación con el 28% que no está de acuerdo.

Esto es un cambio radical a una encuesta similar del año 2017, cuando justamente el resultado fue inverso. Casi el 70% estaba de acuerdo con una política migratoria de fronteras abiertas. Pero 5 años después, los efectos del multiculturalismo forzado han cambiado la percepción de la población francesa.

El cambio se ve especialmente en quienes se catalogan como “Centristas“. Dentro de este grupo, un 67% está a favor de proteger las fronteras y reducir la inmigración no-europea al país. Hace algunos años, los centristas defendían por abrumadora mayoría la migración libre.

Como era de esperar, dentro de quienes se identifican como de “Izquierda“, un 53% dijo que la inmigración libre debería mantenerse. Aunque el número parece alto, en encuestas del 2016 y del 2017, esta categoría respondía en más de un 80% en favor de la libre inmigración.

Las opiniones más definitivas fueron expresadas por quienes se identifican de “Derecha“, el 94% de los encuestados quiere asegurar las fronteras y reducir la inmigración en el país. Incluso si se excluye a la categoría llamada “Extrema Derecha” por la encuestadora, el porcentaje sigue siendo del 90%.

En total, la encuesta encontró que un total del 71% en todos los grupos apoyaba reducir la inmigración y asegurar las fronteras, una mayoría masiva y asentada que los políticos insisten que no existe.

Este masivo cambio de percepción sobre la problemática de la inflación se vio en las elecciones de este año entre Macron y Le Pen. La derechista ganó un masivo apoyo en comparación con el resultado que obtuvo en 2017, y aunque no fue suficiente para vencer a Macron, se hizo notorio un cambio de paradigma.

Además, el propio Macron adoptó una agenda contraria a la libre inmigración. A pesar de que en 2017 hizo campaña argumentando que Francia era una nación globalista y que controlar la migración era “racista”, este año el presidente lanzó un paquete de medidas para controlar la inmigración y forzar la inclusión cultural de los inmigrantes musulmanes.

Curiosamente, según la encuesta, la edad no fue un factor determinante en los resultados, ya que el 70% de los menores de 35 años deseaba una reducción en la inmigración en comparación con el 74% de los mayores de 65 años, diferencias que no son significativas.

El creciente sentimiento contra la inmigración en los adultos más jóvenes se reflejó también en las elecciones legislativas. Aunque Le Pen no logró derrocar al exbanquero en las elecciones presidenciales, su partido arrasó con un resultado sorprendente en las elecciones a la Asamblea Nacional de junio, en las que la Reunión Nacional (RN) obtuvo 89 escaños, comparado a los 8 que había obtenido en 2017.

El resultado sorpresa del partido populista de derecha, en combinación con una fuerte actuación entre la extrema izquierda, hizo que el presidente Macron perdiera su mayoría gobernante en el parlamento francés y tuviera que acordar con la centroderecha de Los Republicanos.

La preocupación por el tema de la inmigración fue central en las campañas de Le Pen, quien incluso prometió llamar un referéndum sobre inmigración si ganaba las elecciones, argumentando que los sucesivos gobiernos franceses han ignorado la voluntad del pueblo e impuesto la migración masiva al país sin su consentimiento.

Tras las elecciones a la Asamblea Nacional, Le Pen destacó el papel de la inmigración en la victoria y dijo: “Es cierto que nos sorprendió gratamente la movilización de nuestros compatriotas y este deseo de que la inmigración, la inseguridad, la lucha contra el islamismo no desaparezcan de la Asamblea Nacional”.

El Islam radical se ha convertido cada vez más en un tema candente en Francia, que ha experimentado una serie de ataques yihadistas de alto perfil en los últimos años, incluida la decapitación de Samuel Paty, un profesor de Historia de secundaria que mostró a su clase un dibujo satírica de Mahoma durante una clase sobre libertad de expresión.

Los problemas asociados con la migración masiva, incluida la suba en índices de crimen y de terrorismo, incluso han generado fuertes tensiones civiles. El año pasado, un grupo de generales retirados amenazaron con un golpe de Estado y advertirieron que el país puede caer en una guerra civil si el gobierno no rechaza la islamización del país.

Francia está dentro de las 193 naciones que firmaron los acuerdos globales de la Migración y de Refugiados en 2018, promovidos por las Naciones Unidas. Esto le quita la posibilidad de cerrar sus fronteras sin consecuencias políticas y económicas de la ONU.


Por Alfonso Lorenzo de Olmos, para La Derecha Diario.

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Francia

La derecha y la izquierda francesa se unieron para derribar el pase sanitario de Macron en el Congreso de Francia

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El gobierno quería institucionalizar el pase sanitario para viajar dentro del país y en las fronteras, pero el derechista Rally Nacional y el izquierdista NUPES se unieron para rechazar la propuesta de ley.

Los parlamentarios de la oposición rechazaron el proyecto de Ley de Covid que pretendía institucionalizar el pase sanitario de vacunación contra el COVID para viajar dentro y fuera de Francia más allá del 31 de julio, cuando expira el decreto que firmó Macron a principio de año.

La coalición gobernante de Francia, Juntos, no logró obtener la mayoría en las elecciones parlamentarias de junio, y debió respaldarse en el centroderechista Los Republicanos para mantener a la primera ministra Élisabeth Borne.

Pero a pesar de su apoyo, no logró la mayoría para aprobar esta controvertida ley. Diputados de todo el espectro político, incluido el partido de Marine Le Pen, el derechista Rally Nacional, y la coalición de izquierda de Jean-Luc Melenchon, el comunista NUPES, unieron fuerzas por primera vez en la historia legislativa para bloquear este proyecto.

En total, 219 diputados votaron en contra de la institucionalización del pase de salud para viajes tanto internos entre las diferentes provincias como internacionales, y solo 195 votaron a favor. Además, hubo 142 abstenciones o ausencias.

Si bien el oficialismo de Juntos y Los Republicanos tiene un total de 312 bancas, mucho más que las 289 que necesita para la mayoría simple, no todos los diputados republicanos votaron a favor, con muchos decidiendo abstenerse.

Los Republicanos no entró en una alianza formal con el gobierno, y simplemente prometió apoyar las leyes más importantes como el Presupuesto Anual y la elección del primer ministro, lo cual quiere decir que no todas las leyes que envíe Macron serán aprobadas automáticamente.

Pero la coalición gobernante tampoco se vio favorecida por el hecho de que actualmente no cuenta con los 21 diputados nombrados recientemente para funciones ministeriales, para los cuales, según el código electoral, se debe esperar al menos 30 días para reemplazar en el Congreso.

Rally Nacional y NUPES, dos partidos que se encuentran en el opuesto del espectro político, celebraron de pie el rechazo histórico a esta ley. Ambos tienen un total de 164 diputados (89 la derecha y 75 la izquierda), que se respalda en otro bloque comunista, el GDR, que tiene 22 diputados, y hay otros 16 diputados independientes, mayormente outsiders populistas, que también votan en contra del gobierno en este tipo de proyectos.

La primera ministra Elisabeth Borne recurrió a Twitter para criticar la inusual alianza de la oposición. “Este es un momento serio. Al unir fuerzas para votar en contra de las medidas para proteger a los franceses contra el covid, los partidos de la oposición están impidiendo cualquier control fronterizo contra el virus”, escribió. Una frase bastante irónica considerando que Borne ha dicho en el pasado que los controles fronterizos son “racistas y xenofóbicos”.

El proyecto de ley asegura que Francia está atravesando la “séptima ola de covid” y que está en camino de convertirse en una enfermedad endémica, por lo que se necesita crear una ley que le dé facultades al Ejecutivo para enfrentar el virus de manera sistémica y no coyunturalmente.

El pase sanitario seguirá siendo requerido para comer en restaurantes, entrar a cines y demás actividades cotidianas, una política que no requiere de la aprobación del Congreso, pero ya no podrá ser pedido a quienes viajen entre las provincias francesas, ni en los puntos de ingreso/egreso del país.

A pesar del rechazo en general, se aprobó en particular un artículo que introduce la posibilidad de extender el uso de la base de datos de pruebas de Covid de Francia SI-DEP y su sistema de alerta a los contactos cercanos de personas con Covid hasta el 31 de marzo de 2023. 

El nuevo ministro de Salud de Francia, François Braun, ha dicho que el gobierno hará todo lo posible para restablecer la parte rechazada del proyecto, y que el Senado todavía puede salvar la ley si hace algunas modificaciones y la vuelve a enviar a la Asamblea, donde ya los 21 diputados elevados a ministros estén reemplazados y Los Republicanos otorguen un mayor apoyo.

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