Bélgica ha decidido dar un paso firme en materia de seguridad al anunciar el despliegue de militares en estaciones de tren y metro de Bruselas, en un intento por frenar el avance del narcotráfico en espacios clave del transporte público.
La medida, impulsada por las autoridades federales, contempla el envío de alrededor de 45 soldados que trabajarán en conjunto con la policía ferroviaria en los puntos más sensibles de la red, incluyendo la transitada estación de Bruselas-Sur. El objetivo es claro: reforzar la presencia del Estado en zonas donde el crimen organizado ha incrementado su actividad en los últimos años.

El despliegue se produce en un contexto de fuerte crecimiento de los delitos vinculados a las drogas. Solo en 2025, los tribunales de la capital belga registraron más de mil casos relacionados con narcóticos, una cifra que prácticamente duplica los niveles de cinco años atrás y que confirma la expansión de estas redes en el corazón de Europa.
A este fenómeno se suma un aumento sostenido de la violencia asociada al narcotráfico. Durante el último año se registraron decenas de tiroteos en Bruselas, muchos de ellos vinculados a disputas entre bandas por el control territorial. Este escenario ha llevado a las autoridades a adoptar medidas más contundentes, incorporando recursos militares para apoyar tareas de vigilancia, control de accesos y prevención del delito.









