El gobierno de Rodrigo Paz decidio eliminar las contrataciones directas en el Estado y abre un nuevo capítulo en la lucha contra la corrupción estructural.
A través del Decreto Supremo 5600, la administración avanzó en la derogación de 161 normas que habilitaban adjudicaciones sin licitación, un mecanismo que durante años fue señalado como una puerta abierta a la discrecionalidad y el abuso de poder.
La medida, presentada en La Paz junto a su equipo económico, no solo implica un cambio técnico en los procedimientos administrativos, sino también una definición ideológica clara: poner fin a un modelo de gestión estatal que, según el propio mandatario, convirtió la excepción en regla.











