El primer ministro británico, Keir Starmer, atraviesa uno de los momentos más complejos desde su llegada al poder, con un marcado deterioro en su imagen pública y crecientes cuestionamientos dentro de su propio espacio político.
Según encuestas recientes, su nivel de aprobación se ha desplomado hasta cifras históricamente bajas, con una imagen negativa que supera ampliamente a la positiva. En algunos relevamientos, apenas un 22% de los británicos mantiene una opinión favorable, mientras cerca del 70% lo evalúa de manera negativa, lo que deja un saldo claramente desfavorable.













