El régimen comunista de Xi Jinping anunció un nuevo sistema para restringir el acceso de estos minerales estratégicos.
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En una nueva muestra de su uso del comercio como arma política, China planea restringir el acceso del ejército de Estados Unidos a minerales de tierras raras esenciales para la industria tecnológica y de defensa, mientras finge ''flexibilizar'' las exportaciones hacia empresas civiles.
Según un informe, el régimen de Xi Jinping prepara un sistema diseñado para controlar a discreción el flujo de materiales estratégicos, consolidando aún más su poder sobre la economía global.
El plan contempla la creación de un sistema de ''usuario final validado'', que favorecería a empresas estadounidenses no vinculadas con el Pentágono mediante aprobaciones rápidas de exportación, pero bloquearía o retrasaría los envíos a contratistas militares y firmas que produzcan tecnología de doble uso.
Xi Jinping tiene en mente un esquema para facilitar la exportación de estos elementos a empresas no vinculadas con el Ministerio de Guerra
En apariencia, China intenta cumplir sus compromisos comerciales con Washington, pero en la práctica estaría estableciendo una nueva forma de censura económica, decidiendo quién puede y quién no acceder a recursos indispensables para la innovación y la seguridad nacional.
Este movimiento confirma lo que muchos observadores han advertido durante años: Beijing usa su monopolio sobre los minerales raros como instrumento de coerción política.
China controla cerca del 70% de la extracción mundial y más del 90% del procesamiento global de estos materiales, imprescindibles para fabricar desde iPhones y vehículos eléctricos hasta drones y cazas F-35. En lugar de actuar como un socio comercial responsable, el Partido Comunista Chino (PCCh) ha convertido ese dominio en un arma económica para imponer su voluntad en el tablero internacional.
La decisión llega apenas semanas después de que China amenazara con imponer licencias especiales para productos que contuvieran más de un 0,1% de minerales raros, una medida que habría paralizado las cadenas globales de suministro.
Estos minerales son claves para la fabricación de armamento y equipamientos de combate
Aunque Pekín suspendió temporalmente la iniciativa tras las conversaciones entre Xi Jinping y Donald Trump, su nuevo plan demuestra que el régimen nunca abandonó su estrategia de chantaje comercial.
Expertos en seguridad económica advierten que esta política ''dual'' busca dividir a la industria estadounidense, obligando a las empresas con contratos militares a elegir entre mantener relaciones con el Departamento de Defensa o conservar el acceso a materiales chinos.
La medida, según analistas, es un intento deliberado de socavar la base industrial y tecnológica de Estados Unidos, al tiempo que proyecta una imagen de cooperación que en realidad encubre control político.
La falta de transparencia sobre qué empresas estadounidenses serían ''aprobadas'' bajo el nuevo sistema refuerza las críticas de que Pekín opera bajo reglas opacas y arbitrarias. Este tipo de tácticas, características del autoritarismo económico chino, permiten al PCCh ejercer presión sobre gobiernos y corporaciones extranjeras sin asumir abiertamente responsabilidad alguna.
China había suspendido su política de restricciones a la exportación de tierras raras tras la reunión de Trump con Xi Jinping
Mientras tanto, la administración Trump ha intensificado sus esfuerzos por romper la dependencia de los recursos chinos, anunciando acuerdos estratégicos con Kazajistán y exploraciones en Groenlandia y Ucrania para diversificar el suministro de minerales críticos.
Estas iniciativas buscan proteger a la industria estadounidense frente a un socio comercial que ha demostrado repetidamente su disposición a utilizar el comercio como herramienta de intimidación.
Con este nuevo sistema, China no solo amenaza a Estados Unidos, sino también a toda la economía mundial. Al condicionar la entrega de materiales esenciales, el régimen de Xi Jinping demuestra que no busca la cooperación ni la estabilidad, sino imponer su control sobre las cadenas globales de valor.
La administración Trump ha diversificado los esfuerzos para quebrar la dependencia china