El dirigente del Pacto Histórico aseguró que no reconocerá la autoridad del presidente electo si avanza con la extradición del drogadicto Gustavo Petro a Estados Unidos e impulsó la desobediencia civil.
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En un ataque directo a la democracia y a la voluntad popular expresada en las urnas el pasado 21 de junio, el líder de la extrema izquierda, Iván Cepeda, ha declarado una guerra abierta contra la institucionalidad de Colombia. Ante el avance imparable de la libertad representado por el Presidente Electo, Abelardo de la Espriella, el sector del Pacto Histórico busca ahora desconocer la autoridad legítima mediante un peligroso llamado a la desobediencia civil.
El plan del comunismo es claro: sabotear el mandato de De la Espriella si este no se pliega a una serie de exigencias que solo buscan proteger al nefasto Gustavo Petro de sus cuentas pendientes con la justicia internacional.
El eje central de este chantaje radica en la protección del régimen saliente. Iván Cepeda ha sido enfático en que el nuevo gobierno debe “desistir” de cualquier intención de extraditar al actual presidente Gustavo Petro. Esta exigencia surge en un contexto crítico, pues el propio Cepeda admitió que “dos fiscales del distrito de Brooklyn, Nueva York, investigan actualmente al presidente Gustavo Petro”.
Para la oposición radical, es vital que cese lo que ellos denominan como “persecución” y que se detenga cualquier proceso de judicialización impulsado por el Departamento de Justicia de EE. UU. contra los aliados del proyecto petrista.
Además de buscar impunidad para el círculo cercano al mandatario saliente, el comunistaCepeda ha atacado la soberanía personal de Abelardo de la Espriella, exigiendo que este renuncie a su ciudadanía estadounidense.
Según el exsenador, el juramento prestado por el Presidente Electo en el país norteamericano conlleva obligaciones que son “incompatibles con el ejercicio de la función y la condición presidencial en Colombia”.
En su retórica divisiva, Cepeda sostiene que De la Espriella tendría que “tomar partido” por los intereses extranjeros, cuestionando su idoneidad como Jefe de Estado.
La arremetida de la izquierda no se detiene allí. Sin presentar prueba alguna, Iván Cepeda intentó vincular al Presidente Electo con el paramilitar Jorge Luis Hernández Villazón, alias Boliche, a quien señaló como informante de agencias federales.
Cepeda y Petro
Bajo esta premisa, el líder opositor exigió que las autoridades estadounidenses aclaren si el señor De la Espriella“ha sido o es agente o colaborador de la DEA, de la CIA o de cualquier otra agencia de seguridad de los Estados Unidos”. Incluso, en un intento de deslegitimar el triunfo contundente de la derecha, Cepeda atribuyó los resultados electorales a una “abierta interferencia” del expresidente Donald Trump.
Finalmente, haciendo gala de un tono autoritario, el representante del Pacto Histórico utilizó los 12.700.000 votos obtenidos en la contienda electoral para incitar a sus seguidores a la resistencia. Cepeda fue tajante al afirmar que, de no cumplirse sus imposiciones, iniciará un camino de desobediencia civil pacífica, el cual “implica no reconocer la autoridad de alguien que no responde a la defensa de la soberanía nacional”.
Su llamado a la militancia es una invitación directa al desacato: “desconozcan pacíficamente cualquier orden de alguien que no responde a la condición de guardián de nuestra constitución política”. Para el comunismo, cuando la autoridad choca con su ideología, el ciudadano tiene el “deber de resistir”, una postura que amenaza con sumergir al país en la inestabilidad justo cuando comienza la era de la reconstrucción nacional de la mano de Abelardo de la Espriella.