El presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, inició su mandato impulsando una nefasta reforma judicial que busca duplicar el número de jueces en la Corte Suprema, pasando de 14 a 30 en un periodo de cuatro años.
Esta medida, promovida por su partido, el gobernante Partido Democrático de Corea (DPK), ha generado intensas críticas por parte de la oposición y miembros del poder judicial, que temen una amenaza a la independencia judicial y un intento de reconfigurar ideológicamente el más alto tribunal del país.
La propuesta fue aprobada el miércoles en una subcomisión legislativa, un día después de la investidura de Lee, y contemplaba su votación en una sesión plenaria del Parlamento al día siguiente, aunque finalmente se optó por postergar el proceso ante la creciente controversia.

Según el proyecto, cuatro nuevos jueces serían designados cada año a partir del próximo, todos nombrados por el presidente comunista con el consentimiento de la Asamblea Nacional. Esto permitiría a Lee designar a los 16 jueces adicionales durante su mandato de cinco años.
El DPK ha defendido la expansión como una medida necesaria para aliviar la enorme carga de trabajo de la Corte Suprema y para diversificar sus perspectivas. Datos oficiales revelan que cada juez resolvió en promedio entre 3.300 y 4.000 casos anuales entre 2022 y 2023. La sobrecarga de trabajo ha sido motivo de propuestas anteriores, como la creación de una corte de apelaciones separada en 2014, que no prosperó.
Sin embargo, las críticas no han cesado. Desde la oposición, el Partido del Poder Popular ha calificado la reforma como un intento de ''court packing'' o manipulación del tribunal, al considerar que su verdadero objetivo es alinear la Corte con los intereses del nuevo gobierno. La portavoz opositora Ham In-kyung acusó al DPK de buscar influir en futuras decisiones judiciales al nombrar jueces afines a la administración.










