La inflación de abril sorprendió gratamente al registrar un 2,6%, por debajo de las expectativas que marcaban los mercados. Este dato no es un detalle técnico: confirma que el proceso de desinflación está firme y que volvemos al sendero descendente. Sin el fuerte ajuste de los precios regulados (4,7%), impulsado por el reacomodamiento necesario de tarifas atrasadas en el pasado y el conflicto en el Estrecho de Ormuz, el número hubiera sido mucho más bajo.
Por su parte, la inflación núcleo se ubicó en 2,3% y la canasta alimentaria —la que más afecta a los sectores vulnerables— apenas subió 1,1%.
No tengo dudas de que mayo cerrará aún mejor, nuevamente a la baja. Las primeras dos semanas del mes vienen con variaciones mínimas o nulas. Esto no es casualidad: es el resultado de haber tomado las decisiones correctas en materia monetaria y fiscal.
Las implicancias de la baja de la inflación
La recuperación del salario real ya es una realidad concreta, y afecta principalmente a los trabajadores informales, que representan la mayor proporción de pobres e indigentes en nuestro país. Sus ingresos crecieron por encima de la inflación, y en muchos casos de manera sustantiva.
Sin embargo, es común escuchar decir a muchos periodistas decir que “no se nota”. Esto ocurre porque se confunde salario real con ingreso disponible. El ingreso disponible es lo que queda después de pagar los servicios públicos y gastos fijos del hogar. Esos gastos estuvieron fuertemente impactados por el reacomodamiento de precios regulados (energía, transporte, etc.), que durante años no fueron actualizados. Es decir, se está reconociendo inflación de otros años. Así fue como cayó la inversión y surgieron todos los problemas que hubo en los servicios de energía. Esto significa que el ingreso disponible si fue golpeado.
Por su parte, el ingreso real de los trabajadores privados formalizado también venía con una suave recuperación. Mientras que lo que si venía perdiendo era el salario de los estatales.
Hacia adelante la mejora del ingreso va a venir con el aumento de la productividad, y eso es innegable y es lo lógico que sucede en cualquier lugar del mundo. Es decir, en la medida en que la inversión haga más productivo el trabajo de la gente -al igual que un trabajador con herramientas es más productivo que uno sin herramientas- se va a ir produciendo una mejora del salario real en mayor cantidad.
Ya vemos las primeras señales claras de este proceso. En medio de la recuperación del camino descendente de la inflación, la actividad económica está dando abundantes indicios de rebote, incluso en sectores que venían muy rezagados como la industria y la construcción. Por eso hoy esta convicción se consolida plenamente: no tengo la menor duda de que este será un excelente año para Argentina.
La inflación es un problema moral
Un buen sistema económico no es solo más eficiente, es más moral. Al revés, podemos decir que un sistema económico que respeta la moral, es a su vez más eficiente. La economía de mercado, abierta, competitiva y basada en los mecanismos de precios no solo es más eficiente: es moralmente superior porque recompensa el esfuerzo, el trabajo y la producción, y distribuye los frutos con mayor justicia, según mérito y contribución.
La inflación no es solamente un delito en lo económico: es un delito moral. Es un robo sistemático. Cuando el Estado, a través del Banco Central, emite dinero sin respaldo en la productividad de la economía, está defraudando conscientemente a los argentinos.
Si dejamos de lado la caída de la demanda de dinero, lo común es que la inflación es generada por el aumento de la oferta de dinero. Es decir, cuando el Estado, a través del Banco Central, emite dinero sin respaldo en la productividad de la economía está defraudando conscientemente a los argentinos. Esto se debe a que los políticos les hacen creer a la gente que los billetes que se les están entregando valen lo mismo, cuando en realidad valen mucho menos. Lo inmoral va de la mano de la ineficiencia económica y el empobrecimiento de la gente.
No obstante, si analizamos a la caída de la demanda de dinero: ¿por qué se puede generar eso? Si atendemos lo que pasó en los últimos meses hubo un trabajo desestabilizante y golpista, no solamente de la corporación política, sino también por la corporación empresaria prebendaria, mediática y sindical que, ya están tomados de la mano, haciendo todo lo posible por desestabilizar a esta administración.
Pero es tan grande la pobreza de sus argumentos y la absoluta carencia de liderazgos con verdadero peso que exhiben, que contrastan fuertemente con nuestra convicción, nuestra determinación, la claridad de rumbo con la que avanzamos y el coraje de este presidente, para no detenerse ante nada, que yo creo que no van a poder, no les va a alcanzar.
Vienen muy buenos meses para Argentina. La desaceleración de la inflación sigue su curso, la actividad se recupera y se sientan las bases sólidas para un crecimiento genuino y sostenible.