La tensión entre China y Japón escaló a niveles inéditos este lunes, luego de que el gobierno japonés presentara una queja formal ante Beijing por una violenta amenaza contra la primera ministra Sanae Takaichi, realizada por el cónsul general chino en Osaka, Xue Jian.
El diplomático había publicado en redes sociales un mensaje que causó estupor en Tokio y en buena parte de la comunidad internacional: “No tenemos más remedio que cortar ese sucio cuello que se ha abalanzado sobre nosotros sin dudarlo un instante. ¿Están preparados?”.

El comentario fue posteriormente eliminado, pero su contenido bastó para que Japón calificara la publicación como “extremadamente inapropiada”. Según confirmó el secretario jefe del gabinete japonés, Minoru Kihara, tanto el Ministerio de Exteriores como la embajada nipona en Beijing elevaron una protesta formal y exigieron sanciones contra el funcionario chino.
El incidente se originó luego de que Takaichi, durante una sesión parlamentaria, advirtiera que un ataque de China a Taiwán podría ser considerado una amenaza a la supervivencia nacional de Japón, lo que habilitaría la defensa colectiva conforme a la legislación aprobada en 2015 durante el gobierno de Shinzo Abe, su antiguo aliado.
Beijing reaccionó con furia. El vocero del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, no sólo se negó a condenar las palabras del cónsul, sino que las justificó como respuesta a los “comentarios erróneos y peligrosos” de la primera ministra japonesa. Además, instó a Tokio a “reflexionar sobre sus responsabilidades históricas”, una referencia habitual del régimen comunista al pasado imperial japonés.










