Cuba vivió este miércoles un nuevo colapso total de su sistema eléctrico nacional, dejando a los 9,7 millones de habitantes de la isla completamente sin electricidad. Según informó la Unión Eléctrica Nacional, controlada por el Estado comunista, el apagón ocurrió a las 9:14 a.m. hora local, y aunque al anochecer se comenzaban a restablecer lentamente algunos servicios, la mayoría de la población seguía a oscuras.
En La Habana, con más de 2 millones de residentes, las autoridades informaron que estaban intentando reiniciar las principales plantas eléctricas. Sin embargo, la falta de información clara, la lentitud en la respuesta y el deterioro del sistema eléctrico solo han profundizado la desesperación de los ciudadanos.
Este es el cuarto colapso total del sistema eléctrico en menos de un año, reflejo de un sistema energético obsoleto, ineficiente y mal gestionado, consecuencia directa de décadas de control estatal, corrupción e incompetencia del régimen comunista. El propio Ministerio de Energía y Minas admitió que se produjo una ''desconexión total del sistema eléctrico'', sin ofrecer detalles sobre las causas, limitándose a decir que ''se están investigando''.

Lo cierto es que la situación no tomó por sorpresa a los cubanos. Antes del colapso, la mayoría ya sufría apagones de hasta 16 y 20 horas diarias, algo que se ha vuelto habitual en los últimos años. Esta crisis energética se suma a una larga lista de calamidades provocadas por el fracaso económico del sistema comunista, que ha llevado al país a su peor crisis en décadas.
Desde hace meses, Cuba sufre escasez crónica de alimentos, medicinas, combustible y productos básicos, y la población enfrenta una situación cada vez más insostenible. La disminución de las importaciones de petróleo desde Venezuela, Rusia y México ha dejado a las viejas plantas termoeléctricas, basadas en combustibles fósiles, prácticamente paralizadas.
El gobierno intenta justificar los apagones con excusas técnicas y el embargo estadounidense, pero los ciudadanos están cada vez más indignados. ''Este país no aguanta más. Es una desgracia tras otra'', dijo un pequeño empresario en La Habana, quien, como muchos otros, prefirió no dar su nombre por miedo a represalias.










