El régimen de Luiz Inácio Lula da Silva atraviesa una de sus semanas más delicadas desde su regreso al poder, en medio de un deterioro político que empieza a sentirse también en el Congreso, el Senado y los mercados electorales. La caída de su imagen pública, la ventaja que Polymarket le asigna a Flávio Bolsonaro y los recientes reveses legislativos configuraron un escenario adverso para el presidente filocomunista.
El malestar venía acumulándose desde marzo, cuando multiples informes coincidieron en un cuadro preocupante para el oficialismo brasileño: menor aprobación presidencial, caída en la confianza del consumidor y preocupación por la inflación. Ese combo de desgaste político y pesimismo económico empezó a erosionar la percepción social sobre el rumbo del país.












