Trump anunció la designación del Primeiro Comando da Capital y del Comando Vermelho como organizaciones terroristas globales, mientras Lula cuestionó la medida y defendió la “soberanía” de Brasil.
Sin embargo, la respuesta del mandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva no se hizo esperar, saliendo a "llorar" la medida a través de un comunicado donde afirmó que "Brasil es una nación soberana" y que la clasificación de terrorismo debe reservarse para acciones por "razones ideológicas, políticas y religiosas", intentando desligar al narcoterrorismo de dicha categoría.
Lula Da Silva
Esta decisión, considerada una de las medidas más contundentes de Washington contra el crimen sudamericano, fue comunicada por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien confirmó que la incorporación formal a la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) entrará en vigor el próximo 5 de junio. Según el Departamento de Estado, estas estructuras representan una amenaza directa por sus vínculos con el narcotráfico, el lavado de dinero y el contrabando.
La administración de Donald Trump sostuvo que utilizará todas las herramientas para cortar el financiamiento de estos grupos que controlan a miles de integrantes y son responsables de ataques contra policías, funcionarios y civiles. Para la Casa Blanca, esto es parte de una estrategia para debilitar a las organizaciones que se benefician del tráfico de drogas, armas y personas. Lula da Silva calificó de "lamentable" que miembros de la familia Bolsonaro viajen a Estados Unidos para abogar por lo que él denomina "intervención extranjera", llegando a tildar de "traidores" y "falsos patriotas" a quienes buscan soluciones internacionales contra el crimen.
PCC
Por el contrario, el senador Flávio Bolsonaro reveló que él mismo instó encarecidamente a Donald Trump a tomar esta medida, diferenciándose del líder izquierdista: "Mientras Lula iba a implorarle a Trump que no los declarara terroristas, yo hice exactamente lo contrario". Esta sintonía entre Trump y los conservadores brasileños subraya el compromiso real contra el crimen que la dictadura de Lula intenta frenar bajo pretextos legales.
El trasfondo del Comando Vermelho explica la afinidad ideológica que la izquierda parece tener con estas bandas, ya que el grupo surgió en la década de 1970 cuando "delincuentes comunes compartieron pabellones con militantes y terroristas de extrema izquierda" en la prisión de Ilha Grande.
Esa convivencia permitió que los criminales adoptaran métodos de disciplina interna y estructuras de mando de la extrema izquierda para expandir su violencia. Hoy, Lula intenta defender su gestión mencionando una ley con penas de hasta 80 años de prisión y un programa llamado "Brasil contra el Crimen Organizado", pero su verdadera preocupación parece ser el impacto que estas sanciones tendrían sobre el sistema financiero y el PIX.
Donald Trump.
Finalmente, mientras el gobierno estadounidense advierte que estas redes criminales tienen impacto incluso dentro del territorio de EE.UU., el régimen de Lula se aferra a la retórica de que "la soberanía nacional es innegociable" para rechazar cualquier "injerencia externa".
El dictador brasileño llegó a decir que medidas unilaterales podrían "debilitar la lucha contra la delincuencia", a pesar de que la realidad muestra que el PCC y el CV han prosperado bajo su mirada. Para la derecha brasileña y la administración Trump, el mensaje es claro: no habrá fronteras para combatir a quienes siembran el terror en el continente