La ofensiva también dejó en evidencia un cambio significativo en el conflicto: por primera vez, grupos yihadistas y separatistas actuaron de manera coordinada, combinando objetivos y recursos pese a sus diferencias ideológicas. Esta alianza aumenta considerablemente la amenaza para el Estado maliense.
En paralelo, las fuerzas extranjeras que apoyaban al gobierno, especialmente ejércitos mercenarios vinculados a Rusia, comenzaron a retirarse de zonas clave como Kidal, lo que profundiza la sensación de pérdida de control territorial.













