Una investigación reveló que la organización terrorista utiliza a criminales comunes a cambio de dinero para realizar tareas de inteligencia y preparar atentados.
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El grupo terrorista Hezbolá desarrolló un mecanismo de reclutamiento de delincuentes en Brasil para ampliar sus capacidades operativas en América Latina y preparar posibles ataques contra objetivos judíos e israelíes en la región.
La estrategia, que busca aprovechar las dificultades económicas y los antecedentes penales de personas, fue expuesta por un análisis del Washington Institute for Near East Policy y las investigaciones de la Policía Federal brasileña en el marco de la Operación Trapiche.
El esquema consiste en captar individuos motivados principalmente por incentivos económicos, enviarlos al Líbano para recibir entrenamiento militar y posteriormente asignarles tareas de vigilancia e inteligencia en territorio brasileño.
Uno de los casos centrales es el de Lucas Passos Lima, quien viajó en dos oportunidades al Líbano durante 2023. Después de esos desplazamientos, regresó a Brasil y realizó tareas de vigilancia que incluyeron la filmación de tres sinagogas, un cementerio judío, la Embajada de Israel y un rabino en la región de Brasilia. Las pesquisas también detectaron entrenamiento en el manejo de armas y adquisición de equipos de vigilancia.
Aunque inicialmente un tribunal de apelación lo había absuelto al considerar que actuaba por motivos económicos y no ideológicos, se restauró luego su condena por actos preparatorios de terrorismo. El caso representa un antecedente relevante para la Justicia brasileña, que estableció que recibir dinero no excluye la responsabilidad por terrorismo cuando existe participación consciente en un proyecto de esa naturaleza.
Entre los objetivos identificados aparecen sinagogas, cementerios judíos, representaciones diplomáticas israelíes y referentes de la comunidad judía.
El grupo terrorista Hezbolá.
La Operación Trapiche
La Operación Trapiche comenzó en noviembre de 2023, con la participación de la Policía Federal de Brasil y el apoyo del Mossad israelí. Las investigaciones permitieron reconstruir una presunta estructura de reclutamiento y financiamiento que buscaba establecer capacidades clandestinas de la organización en la región.
Terroristas de Hezbolá.
Lucas Gualtieri, fiscal federal brasileño especializado en crimen organizado, advirtió sobre las implicancias de este mecanismo de tercerización. La utilización de personas ajenas a la estructura tradicional de Hezbolá permitiría presentar eventuales operaciones como delitos comunes y dificultar la identificación de los responsables intelectuales.
El financiamiento también aparece como una pieza central de la investigación. Los investigadores identificaron vínculos con empresas tabacaleras brasileñas que ayudaron a costear los viajes de los delincuentes a Beirut. Allí, algunos habrían recibido capacitación en comunicaciones clandestinas, incluido el intercambio de información mediante borradores de correos electrónicos que nunca llegan a enviarse.
A esto se suma la utilización de criptomonedas. Dante Felipini, un corredor de bolsa de São Paulo, está acusado de crear billeteras digitales en beneficio de Hezbolá y la Guardia Revolucionaria de Irán. El intermediario enfrenta cargos relacionados con el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.
El caso expone los desafíos que representa la expansión de las redes vinculadas a organizaciones armadas extranjeras en América Latina. Las autoridades buscan fortalecer los controles financieros, investigar posibles empresas fantasma y rastrear operaciones con criptomonedas para detectar estas estructuras antes de que puedan concretar ataques contra objetivos judíos e israelíes en la región