El fiscal federal Jerome Gorgon calificó los hechos como “una grave preocupación para la seguridad nacional”: “Estos dos extranjeros han sido acusados de contrabandear un hongo descrito como un arma potencial de agroterrorismo en el corazón de Estados Unidos, donde aparentemente pretendían utilizar un laboratorio de la Universidad de Michigan para impulsar su plan”.
La investigación fue llevada adelante por el FBI y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Su director de operaciones de campo, Marty Raybon, subrayó la gravedad del intento de introducir materiales biológicos nocivos al país:
“Estos cargos son un indicio del papel crucial de la CBP en la protección del pueblo estadounidense contra amenazas biológicas que podrían devastar nuestra economía agrícola y causar daños a los seres humanos”.















