La inmediata respuesta de la clase política expuso la intencionalidad ideológica de la maniobra. Un total de al menos 22 funcionarios públicos de Estados Unidos salieron rápidamente a exigir leyes restrictivas contra la inteligencia artificial —entre ellos 2 gobernadores, 7 senadores y 13 representantes—, de los cuales 19 pertenecían al Partido Demócrata, en contraste con apenas 3 del Partido Republicano. A la embestida se sumaron también candidatos demócratas y dirigentes políticos británicos vinculados al Partido Laborista.
La sincronía temporal confirmó la existencia de un plan trazado de antemano: apenas 5 días antes de la publicación del hilo, el senador de izquierda Bernie Sanders y el congresista demócrata Greg Casar habían presentado una iniciativa legislativa destinada a frenar el desarrollo de la superinteligencia, crear un regulador federal con amplios poderes e imponer penas y sanciones drásticas. Bernie Sanders utilizó de inmediato los dichos de Jacob Coxon como justificativo central para validar su ofensiva estatista.

El impacto de esta campaña se extendió al ámbito corporativo cuando Evan Hubinger, jefe de un equipo de seguridad en Anthropic, validó públicamente la maniobra respondiendo: “Jacob tiene razón” y agregando que “De verdad creemos que la IA podría matar a todos los humanos. Yo calculo más de 10% en la próxima década”. Todo esto ocurre mientras Anthropic alista una masiva salida a bolsa con una valuación aspiracional de USD 2 billones.
En definitiva, la evidencia demuestra que el episodio protagonizado por Jacob Coxon no responde a la reacción espontánea de un técnico atemorizado, sino a una refinada PSYOP donde activistas, financistas, plataformas mediáticas y políticos del Partido Demócrata convergieron para sembrar un pánico social artificial con el único fin de instaurar un férreo control burocrático sobre la industria tecnológica














