La utilización sistemática de la izquierda del pánico social para expandir la burocracia del Estado ha encontrado un nuevo objetivo prioritario en el sector de la inteligencia artificial. El caso más emblemático de esta PSYOP mediática se cristalizó recientemente con la figura de Jacob Coxon. Con apenas 27 años, el joven fue presentado pomposamente por grandes medios de comunicación tradicionales como CNN y New York Post como un científico supuestamente aterrorizado que decidió abandonar la empresa Anthropic tras avistar los peligros de una superinteligencia fuera de control.
Sin embargo, el análisis de su trayectoria desmiente de forma categórica esta narrativa de heroísmo espontáneo, revelando un perfil profundamente inserto en el ecosistema político del progresismo internacional y el activismo pro-regulación.

Lejos de haber ocupado una posición de liderazgo técnico o estratégico, el paso de Jacob Coxon por Anthropic fue efímero y menor: duró tan solo 6 semanas (o dos meses) en tareas operativas de preentrenamiento y sin detentar ningún tipo de cargo jerárquico.
Los antecedentes de Jacob Coxon confirman su estrecha relación con la tecnología política de carácter partidario. Antes de su irrupción mediática, Jacob Coxon integró Newspeak House, un centro británico de tecnología política ligado históricamente al Partido Laborista de Reino Unido y al movimiento radical conducido por Jeremy Corbyn.















