La guerrillera, Silvana Guerrero lanzó una advertencia contra el presidente luego de los últimos operativos del Ejército, mientras Abelardo promete “sin tregua y con contundencia” contra el grupo armado.
La histórica campaña del Estado colombiano por recuperar el control territorial frente al azote de las organizaciones criminales avanza con paso firme, desatando la desesperación en las filas del autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN).
El gobierno derechista liderado por el presidente Abelardo de la Espriella ha priorizado profundizar la lucha contra el narcoterrorismo, asestando duros golpes en las regiones donde este grupo de extrema izquierda aún pretende mantener influencia.
Esta contundente presión militar ha obligado a los cabecillas de esta organización delictiva, una de las más antiguas de Colombia, a salir de sus escondites para cuestionar el exitoso avance de la ofensiva estatal y lanzar advertencias directas contra el gobierno democrático en un intento por frenar el asedio a sus corredores ilegales.
En este contexto de acorralamiento, reapareció en la clandestinidad la cabecilla guerrillera identificada como Silvana Guerrero, comandante del autodenominado Frente de Guerra Nororiental del ELN.
A través de una pieza de propaganda grabada en una zona identificada como las "Montañas del Nororiente", la delincuente lanzó amenazas directas contra el Ejército Nacional y el Estado, evidenciando el profundo impacto que causó la última acción militar gubernamental contra su organización en la frontera sur del país.
En el video, la cabecilla aparece armada con una carabina de patrón M4, rodeada por guardias que exhiben armamento pesado de guerra como fusiles Type 56-1 y AK-103, en un burdo intento de proyectar un poder de fuego que se desmorona ante la superioridad de la fuerza pública.
Desde su refugio, Silvana Guerrero pronunció las siguientes declaraciones de corte ideológico para justificar su accionar delictivo frente a la ofensiva del legítimo Gobierno:
Silvana Guerrero
“La guerra que vivimos hoy está motivada por este vínculo estrecho de los traidores con sus verdugos. La historia, más temprano que tarde, nos ha dado la razón de la real naturaleza del antiguo frente 33, convertido en un grupo mercenario. Como hace 20 años, hoy combatimos contra una fuerza combinada de Ejército y paramilitares. Como en aquel entonces, igual hoy combatimos orgullosos y dignos por la liberación de nuestra tierra. Ni un paso atrás, liberación o muerte”.
Este cínico discurso de liberación contrasta con la realidad de su accionar terrorista, caracterizado por ataques a traición contra quienes protegen a los ciudadanos. La noche del 15 de agosto de 2026, se registró una cobarde agresión en el municipio de Ábrego, situado en el departamento de Norte de Santander.
Allí, el Frente Carlos Armando Cacua Guerrero del ELN perpetró un ataque terrorista utilizando drones equipados con cargas explosivas contra el Grupo de Caballería Liviano N.° 7.
Los terroristas lanzaron más de nueve artefactos explosivos contra las tropas que realizaban tareas de seguridad en una vía principal, logrando además impactar un vehículo blindado que estaba destinado a la protección de los civiles.
Como consecuencia de esta vil acción, se confirmó el asesinato del soldado profesional Neiver Madera Ricardo, un héroe de la patria, y se reportó que otros cinco militares resultaron heridos.
Los combatientes del ELN exhibieron carabinas tipo M4 y fusiles AK.
Frente a la barbarie y las amenazas de la cabecilla, la respuesta del mandatario colombiano fue de una firmeza absoluta, reafirmando que el imperio de la ley no negociará con asesinos.
A través de su cuenta oficial en la plataforma X, el presidente Abelardo de la Espriella repudió enérgicamente el atentado y sentenció que “Este ataque contra nuestros héroes le saldrá caro a los narcoterroristas del ELN”.
En un mensaje cargado de autoridad, el jefe de Estado colombiano reafirmó su compromiso inquebrantable de erradicar la violencia: “La orden a la fuerza pública es clara: sin tregua y con contundencia, hay que acabar con ese cáncer. Mi solidaridad con las víctimas y sus familias”.
La directriz presidencial ha sido explícita para la fuerza pública: ejecutar operaciones ofensivas masivas sin contemplación en las zonas de influencia del grupo criminal, concentrándose especialmente en los departamentos fronterizos de Norte de Santander, Putumayo y Nariño, donde el ELN lucra con sus actividades ilícitas y asedia a la población civil