En cada ocasión, los bombarderos operaron con total visibilidad, reafirmando el derecho de Estados Unidos a garantizar la seguridad en el Caribe y enviar un mensaje de fuerza a quienes amenazan la estabilidad regional.
El despliegue se ha visto reforzado por el grupo de ataque del portaaviones USS Gerald R. Ford, que llegó a la zona el 24 de octubre, y por el destructor USS Gravely, que atracó en Trinidad y Tobago un día después. En conjunto, estas fuerzas navales y aéreas constituyen un dispositivo de disuasión sin precedentes frente a las costas venezolanas.
Además, el Pentágono mantiene en la región aviones artillados AC-130J Ghostrider II, drones MQ-9 Reaper armados con misiles Hellfire y los F-35B de los Marines, todos equipados para responder a cualquier amenaza. El USS Iwo Jima, buque de asalto anfibio, también opera en la zona con Harriers AV-8 y helicópteros AH-1, que han realizado ejercicios con fuego real en las últimas semanas.













