Se busca entender por qué algunas personas pueden desarrollar miocarditis o pericarditis tras recibir inmunizaciones
Compartir:
Un nuevo estudio de la Universidad de Stanford reabrió el debate sobre los episodios de inflamación cardíaca generados por las vacunas contra el COVID-19, al identificar un posible mecanismo inmunológico que explicaría por qué algunas personas pueden desarrollar miocarditis o pericarditis tras recibir inmunizaciones basadas en ARNm.
Aunque los científicos subrayan que estos eventos siguen siendo infrecuentes, la investigación aporta datos sobre cómo el sistema inmunitario, en determinadas condiciones, puede reaccionar de forma exagerada frente al ARN introducido por las vacunas, provocando daño en células del corazón.
Según registros sanitarios británicos, más de 2.000 personas en Gran Bretaña sufrieron inflamación del corazón o del revestimiento del corazón después de la vacunación, con mayor incidencia en varones jóvenes. La mayoría de los casos se relacionaron con vacunas de ARNm, como las desarrolladas por Pfizer y Moderna, que utilizan un modelo de la proteína Spike del virus para desencadenar inmunidad.
Una vacuna.
El equipo de Stanford descubrió que algunos componentes del sistema inmunitario pueden identificar el ARN de la vacuna como material extraño y activar una respuesta inflamatoria intensa. Este proceso puede en raras ocasiones inflamar células cardíacas.
El profesor Joseph Wu, director del Instituto Cardiovascular de Stanford, explicó los hallazgos en detalle: "En general, nuestro estudio muestra que la vacuna cumple su propósito previsto de inducir una respuesta inmune de memoria contra futuras infecciones".
"Sin embargo, en la fase aguda, la vacuna puede inducir la liberación de citocinas (proteínas de señal inmune) que hacen que los pacientes se sientan mal, por ejemplo, fiebre, dolores musculares y articulares que generalmente se alivian con ibuprofeno, pero muy raramente pueden causar miocarditis", agregó.
Wu añadió que estas moléculas inflamatorias son indispensables para proteger al organismo, pero pueden resultar tóxicas si se producen en exceso. Por eso, anticipó posibles mejoras tecnológicas: “En el futuro, se podrán diseñar vacunas mejores y más seguras que preserven la memoria a largo plazo y mitiguen la liberación de citocinas a corto plazo”.
Una vacuna.
Los datos epidemiológicos muestran que la miocarditis relacionada con vacunas de ARNm ocurre en una de cada 140.000 personas tras la primera dosis, una de cada 32.000 después de la segunda, y alcanza una incidencia máxima en hombres jóvenes, con una de cada 16.750 vacunaciones.
Los síntomas aparecen entre uno y tres días después e incluyen dolor torácico, fiebre, palpitaciones y dificultad para respirar. La recuperación suele ser rápida, aunque a veces requiere hospitalización, y en el peor de los casos puede provocar la muerte.
En el estudio, los investigadores analizaron sangre de vacunados, incluyendo quienes desarrollaron miocarditis, y detectaron niveles elevados de dos proteínas de señalización inmunológica en los pacientes afectados. Estas moléculas actúan en conjunto, amplificando la respuesta inmune pero también generando daño en el tejido cardíaco.