El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, volvió a marcar el rumbo de su política de seguridad al dejar abierta la posibilidad de recibir tropas estadounidenses en el país, en el marco de una estrategia más amplia para combatir el narcotráfico y el crimen organizado. La iniciativa, lejos de implicar una cesión de soberanía, se plantea como una alianza estratégica bajo control de las Fuerzas Armadas ecuatorianas.
En declaraciones recientes, el mandatario fue claro: cualquier presencia militar extranjera deberá operar bajo mando local. “No es seguir órdenes, es colaborar”, explicó, destacando que el objetivo es fortalecer las capacidades del Estado frente a organizaciones criminales cada vez más sofisticadas y violentas.

La propuesta se inscribe en un contexto crítico para Ecuador, que en los últimos años ha enfrentado un fuerte aumento de la violencia vinculada al narcotráfico. Frente a este escenario, el gobierno ha optado por una política de mano firme, incluyendo operaciones conjuntas con aliados internacionales, entre ellos Estados Unidos.
Los resultados iniciales parecen respaldar el enfoque: según datos oficiales, la tasa de homicidios en zonas fronterizas se redujo en torno a un 38%, lo que el oficialismo presenta como una señal clara de que la estrategia está dando resultados.









