Ecuador impulsa un centro de máxima seguridad para hasta 15.000 reclusos en medio de la crisis carcelaria.
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El gobierno de Ecuador anunció la construcción de una nueva megacárcel de máxima seguridad, en una decisión que busca reforzar su estrategia contra el crimen organizado y recuperar el control del sistema penitenciario.
El proyecto contempla la edificación de un complejo de gran escala que podría albergar hasta 15.000 internos, lo que lo convertiría en uno de los centros penitenciarios más grandes de América Latina.
Según las autoridades, la obra tendrá un plazo estimado de 18 meses y su ubicación se mantiene en reserva por razones de seguridad, con el objetivo de evitar interferencias o ataques por parte de organizaciones criminales.
La megacárcel de Ecuador en construcción
La iniciativa forma parte de la política de “mano dura” impulsada por el presidente Daniel Noboa, en respuesta a la crisis de violencia que atraviesa el país. En los últimos años, Ecuador ha experimentado un fuerte aumento del crimen vinculado al narcotráfico, así como masacres dentro de las cárceles y pérdida de control estatal en varios penales.
El nuevo centro penitenciario estará diseñado bajo un modelo de máxima o incluso “supermáxima” seguridad, con sistemas tecnológicos avanzados, control estricto de comunicaciones y aislamiento de los reclusos más peligrosos.
Este enfoque busca evitar que líderes de bandas criminales continúen operando desde prisión, un problema que ha sido recurrente en Ecuador. En esa línea, el gobierno también evalúa reorganizar el sistema penitenciario, cerrando cárceles obsoletas y concentrando a los internos en instalaciones más controladas.
Además, autoridades dejaron abierta la posibilidad de construir más megacárceles en el futuro, afirmando que se levantarán “las que sean necesarias” para contener a los grupos criminales.
Daniel Noboa junto a Nayib Bukele
Sin embargo, el proyecto no está exento de críticas. Especialistas advierten que concentrar una gran cantidad de presos en un solo complejo puede generar problemas de gestión y aumentar los riesgos si no existe un control efectivo. También se cuestiona la falta de transparencia en torno a los detalles de la obra.
En este contexto, la megacárcel representa tanto una apuesta fuerte por la seguridad como un reflejo de la gravedad de la crisis que enfrenta el país.
El desafío para Ecuador será claro: no solo construir infraestructura, sino garantizar que el Estado recupere el control real sobre un sistema penitenciario que durante años estuvo dominado por el crimen organizado.