La firma del acuerdo entre Irán y Estados Unidos para poner fin a la guerra en Medio Oriente dejó al descubierto una importante disputa en la cúpula del poder iraní. El líder supremo, Mojtaba Jamenei, reconoció públicamente este jueves que no compartía la estrategia impulsada por el presidente Masud Pezeshkian para alcanzar un entendimiento con Washington y que solo terminó autorizando el proceso después de recibir garantías de que los intereses de la dictadura islámica no serían comprometidos.
Las declaraciones constituyen una de las señales más claras hasta ahora de las diferencias existentes dentro del régimen respecto al rumbo que debe seguir el país tras meses de conflicto y tensión regional. Aunque Jamenei respaldó finalmente el memorando firmado entre Teherán y Washington, dejó en evidencia que su aprobación estuvo lejos de ser automática y que fue resultado de intensas discusiones internas.
En un mensaje dirigido a la población iraní, el líder supremo explicó que inicialmente mantenía una posición contraria a la estrategia de negociación impulsada por el gobierno de Pezeshkian.
''Yo, por principio, tenía una opinión diferente'', afirmó Jamenei, en una declaración poco habitual dentro de un sistema político que históricamente ha procurado mostrar unidad en los asuntos vinculados a la seguridad nacional y la política exterior.

Según relató, el cambio de postura se produjo después de mantener conversaciones con el presidente iraní y con los integrantes del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Jamenei aseguró que recibió compromisos explícitos de que Irán no aceptaría exigencias que considerara perjudiciales durante las negociaciones con Estados Unidos.
De acuerdo con su versión, Pezeshkian le garantizó personalmente que la dictadura islámica mantendría sus líneas rojas y que no cedería ante presiones externas si Washington intentaba imponer condiciones consideradas inaceptables por Teherán.
La explicación buscó justificar su respaldo al acuerdo sin dar la impresión de que había modificado su visión histórica sobre Estados Unidos. Por el contrario, el líder terrorista supremo insistió en que continúa considerando a Washington un adversario estratégico y dejó claro que las futuras conversaciones no deben interpretarse como un acercamiento político entre ambos países.
''Las negociaciones presenciales futuras no implicarán la aceptación de la postura del enemigo'', afirmó.

La declaración reflejó el delicado equilibrio que Jamenei intenta mantener entre apoyar una decisión impulsada por el gobierno y evitar críticas de los sectores más conservadores del régimen, que observan con recelo cualquier diálogo directo con Estados Unidos.
Las diferencias con Pezeshkian aparecen como uno de los aspectos más relevantes surgidos tras la firma del memorando. Mientras el presidente iraní apostó por una salida diplomática para poner fin al conflicto y abrir la puerta a una eventual reducción de las sanciones económicas, Jamenei dejó entrever que nunca estuvo plenamente convencido de que negociar con Washington fuera el camino adecuado.











