El director ejecutivo del gigante financiero BlackRock, Larry Fink, advirtió que la llamada “era woke” en las sociedades occidentales terminó siendo un “experimento fallido”, un reconocimiento que marca un cambio de discurso dentro del corazón del sistema financiero internacional. La declaración resulta particularmente llamativa debido a que, durante años, desde la propia estructura de inversión global se impulsaron políticas corporativas alineadas con esa agenda. Fink, al frente de la mayor gestora de activos del mundo —con billones de dólares bajo gestión—, reconoció por primera vez que la «agenda woke» fue un experimento mundial fallido, en un mensaje que apunta a un cambio profundo en la forma en que las grandes corporaciones están redefiniendo sus prioridades estratégicas.
La admisión llega luego de un período en el que numerosas multinacionales adoptaron políticas internas relacionadas con diversidad obligatoria, cuotas de género y raciales, así como campañas corporativas vinculadas a la agenda LGBT. Durante años, el mundo empresarial estuvo fuertemente influenciado por marcos conceptuales como ESG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza) y DEI (diversidad, equidad e inclusión), que pasaron a condicionar decisiones de inversión y estrategias empresariales a escala global. Estas directrices marcaron el rumbo de muchas compañías y fondos internacionales. Sin embargo, el propio Fink admitió ahora que ese enfoque pudo haberse llevado demasiado lejos, alejando a algunas empresas de lo que históricamente fue su objetivo central: generar beneficios. Este giro, según el propio entorno corporativo, no es meramente simbólico. Implica una reorientación clara hacia el pragmatismo económico.

En lugar de priorizar factores reputacionales o agendas ideológicas, las empresas vuelven a centrar sus decisiones en variables tradicionales como rentabilidad, crecimiento y eficiencia, en un contexto global cada vez más competitivo.










