El ataque ocurrió el 29 de marzo de 2026 en Angwan Rukuba, Jos (estado de Plateau), donde hombres armados abrieron fuego contra una zona de mayoría cristiana y dejaron entre 26 y 40 muertos, además de decenas de heridos.
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En medio de una nueva escalada de violencia en el centro de Nigeria, un ataque armado atribuido a milicias fulani o grupos yihadistas dejó entre 26 y 40 muertos, según distintas fuentes locales y organizaciones de derechos humanos, en un hecho ocurrido durante las celebraciones cristianas de Semana Santa. El episodio, que provocó conmoción nacional e internacional, tuvo lugar la noche del domingo 29 de marzo de 2026 en la comunidad de Angwan Rukuba, en la ciudad de Jos, capital del estado de Plateau.
El atentado se produjo alrededor de las 7.50 p.m., cuando un grupo de hombres armados —presuntamente movilizados en motocicletas y vestidos con uniformes de camuflaje— irrumpió en la zona de Gari Ya Waye, un barrio densamente poblado y de mayoría cristiana, situado cerca de la Universidad de Jos. Allí abrieron fuego de manera indiscriminada contra residentes que se encontraban reunidos en un punto popular de encuentro, que incluía un bar y áreas residenciales. Testigos oculares describieron escenas de pánico generalizado, con cuerpos tendidos en las calles y heridos graves trasladados a hospitales locales, en medio de un caos que se prolongó durante varios minutos antes de que los atacantes escaparan hacia zonas montañosas cercanas.
Masacre cristiana en Nigeria
El ataque, que numerosos residentes y organizaciones cristianas atribuyen directamente a milicias fulani o extremistas yihadistas, se enmarca en los conflictos recurrentes por tierras y religión que afectan al centro del país africano. Fuentes como Reuters y organizaciones de monitoreo de persecución religiosa, entre ellas Open Doors e International Christian Concern, confirmaron al menos 30 muertos, aunque las cifras podrían aumentar a medida que se completan los recuentos de cadáveres y fallecidos en hospitales. Entre las víctimas se reportan mujeres, niños y estudiantes universitarios.
Inicialmente, la Policía del estado de Plateau informó de 14 fallecidos, pero el número fue aumentando conforme avanzaron las investigaciones, mientras se confirmaba que decenas de heridos recibieron atención médica urgente.
Ante la gravedad del ataque, el gobernador del estado de Plateau, Caleb Mutfwang, se presentó en la escena del crimen el lunes 30 de marzo a bordo de un vehículo blindado y condenó lo ocurrido calificándolo como un acto «bárbaro e injustificado». El mandatario prometió una respuesta judicial rápida, anunció que el gobierno cubriría los tratamientos médicos de los heridos y los funerales de las víctimas, y ordenó la imposición de un toque de queda de 48 horas en el área de Jos North, vigente desde la medianoche del 29 de marzo hasta el 1 de abril, con el objetivo de permitir operaciones de seguridad y evitar disturbios. «Esto duele a todos nosotros», declaró Mutfwang, al tiempo que pidió a la población no tomar la justicia por su mano mientras las agencias de seguridad intensifican patrullajes en la región.
La comunidad de Angwan Rukuba, caracterizada por su mayoría cristiana y la fuerte presencia de estudiantes, fue escenario al día siguiente de protestas masivas. Cientos de residentes desafiaron el toque de queda para exigir mayor protección gubernamental y el fin de la violencia recurrente en el estado de Plateau. Organizaciones como la Archidiócesis de Jos y diversos grupos de advocacy calificaron el suceso como un ataque selectivo contra cristianos ocurrido en una fecha especialmente simbólica del calendario litúrgico, sumándose a una larga lista de incidentes registrados en la región del Middle Belt, donde los enfrentamientos entre pastores fulani y agricultores cristianos han dejado miles de muertos en los últimos años.
Cristianos en Nigeria
Aunque las autoridades locales sostienen que se trata de un episodio de bandidaje generalizado y no exclusivamente religioso, analistas y residentes vinculan este tipo de ataques con patrones de persecución contra minorías cristianas en Nigeria. Varias ONG consideran al país el más peligroso del mundo para los fieles de esta fe, una evaluación que vuelve a cobrar fuerza tras la masacre ocurrida durante el Domingo de Ramos.
El incidente reactivó además llamados a la comunidad internacional para que ejerza mayor presión sobre el gobierno nigeriano con el fin de frenar la violencia en la región. En paralelo, la Universidad de Jos decidió suspender temporalmente las actividades académicas por razones de seguridad. Mientras tanto, la investigación continúa en curso y, hasta el momento, no se han confirmado detenciones relacionadas con el ataque.