La representante por el estado de Georgia anunció que abandonará sus labores en la cámara baja tras su traición al presidente.
La representante Marjorie Taylor Greene (Republicana-Georgia.) anunció que dejará su escaño el 5 de enero de 2026, en una decisión que sacudió al Partido Republicano y que marca el desenlace de un enfrentamiento cada vez más público con el presidente Donald Trump.
La renuncia se produce justo una semana después de que Trump retirara oficialmente su apoyo y su respaldo político, acusando a la legisladora de dedicarse únicamente a quejarse y calificándola de ''wacky'' y ''lunatica'' en un mensaje publicado en Truth Social.
Este quiebre tuvo su origen en la insistencia de Greene en exigir la divulgación de documentos relacionados con Jeffrey Epstein, un tema que Trump había abordado con suma cautela y que generaba tensiones dentro del partido.
Greene fue una de solo cuatro republicanos que firmaron una petición para forzar un voto en la Cámara sobre la resolución, gesto que para muchos aliados del presidente representó una ruptura abierta con la línea política marcada por Trump.
El presidente Trump había retirado su apoyo a la diputada en las últimas semanas
Aunque finalmente el mandatario aseguró que firmaría la medida, que fue aprobada casi por unanimidad en ambas cámaras, su molestia con la congresista ya era evidente.
A esa disputa se sumaron otros desacuerdos recientes, como el apoyo de Greene a la extensión de subsidios del Obamacare, sus críticas a las visas H-1B, su defensa de moratorias estatales sobre la inteligencia artificial y su rechazo a las hipotecas de 50 años.
Estas posiciones la distanciaron de sectores claves del trumpismo, que consideraron estas posturas como un desvío respecto del alineamiento sólido y disciplinado que había mostrado desde su llegada al Congreso en 2021.
En su comunicado, Greene explicó que su decisión respondería en parte al llamado público de Trump para que un republicano la desafiara en las primarias de 2026. ''Tengo demasiado amor propio y dignidad'', lanzó, alegando que no quería someter a su distrito a una contienda ''hiriente y odiosa'' impulsada por el propio presidente al que había respaldado.
Greene buscará priorizar sus intereses políticos por sobre el bienestar del Partido Republicano en el Congreso
Aun así, dentro de la Cámara estas palabras no fueron interpretadas con benevolencia. Un asistente legislativo republicano describió la renuncia como un movimiento vengativo, orientado a perjudicar deliberadamente a la frágil mayoría republicana (219–213). Desde ese sector, se acusa a Greene de priorizar conflictos personales con Trump por encima de la estabilidad del partido en un año legislativo crítico.
El comentario irónico del mismo asistente, ''MTG se fue antes que Pelosi'', reflejó el malestar entre los republicanos, sugiriendo que la congresista abandonó sus responsabilidades incluso antes que figuras veteranas de la oposición. Para la ciudadanía y los republicanos, la actitud de Greene constituye una contradicción con la imagen de lealtad total que cultivó durante años y un ejemplo de cómo terminó enfrentándose a Trump en temas estratégicos, debilitando la cohesión interna del partido.
Su renuncia, argumentan, no representa un acto de integridad, sino la culminación de un distanciamiento político que ella misma provocó al cruzar líneas que el núcleo duro del trumpismo y la base electoral republicana definen como una traición imperdonable.
Los republicanos en el Congreso han mostrado un increíble malestar con las actitudes de Greene, que dejará un escaño disponible