Entre las entidades abandonadas figuran casi cincuenta organismos del sistema de Naciones Unidas, muchos de ellos orientados al cambio climático, el feminismo, la ideología de género y la denominada “cooperación” internacional. También quedaron fuera tratados emblemáticos del multilateralismo, como la Convención Marco sobre el Cambio Climático, junto con paneles y estructuras que durante años se autoproclamaron autoridades globales, pese a sus resultados cuestionables y escaso impacto real.
El impacto financiero de esta decisión dejó al descubierto una verdad largamente ignorada: la ONU funciona, en los hechos, gracias al dinero estadounidense. Según datos internos del propio organismo, Estados Unidos concentra cerca del 95 % de la deuda total, unos 2.200 millones de dólares correspondientes a cuotas ordinarias de 2025 y 2026. Sin ese flujo de fondos, la organización dispone hoy de apenas seis meses de liquidez, lo que evidencia un esquema de funcionamiento insostenible.













