El canciller Pablo Quirno advirtió en el Consejo de Seguridad que la ONU corre el riesgo de perder relevancia si no reduce su burocracia, mejora su capacidad de respuesta y vuelve defender los valores occidentales, al tiempo que respaldó la candidatura del argentinoRafael Grossi para convertirse en el próximo Secretario General de la organización.
El planteo argentino apuntó directamente contra uno de los grandes problemas del sistema multilateral: la acumulación de estructuras burocráticas, mandatos superpuestos y agendas cada vez más alejadas de los resultados. Quirno pidió avanzar hacia un multilateralismo que respete la soberanía de los Estados, administre sus recursos con responsabilidad, rinda cuentas y concentre su energía en objetivos realistas.
La postura se enmarca en los principios que el presidente Javier Milei expuso ante la Asamblea General en 2025: preservar la paz como prioridad central, limitar la acción internacional a los problemas que exceden la capacidad de los Estados, evaluar la utilidad real de cada programa y simplificar normas para favorecer la libertad, el comercio y la prosperidad de las naciones.
En esa línea, el canciller vinculó la posición argentina con la Iniciativa ONU80 y reclamó revisar mandatos redundantes y estructuras desconectadas de la realidad. Quirno respaldó también una reforma del Consejo de Seguridad orientada a ampliar la membresía no permanente y mejorar su capacidad de reacción.
En paralelo, el Gobierno argentino volvió a impulsar la candidatura deGrossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, para conducir la ONU durante el período 2027-2031. La postulación había sido oficializada por la administración Milei en noviembre de 2025 y podría convertir a Grossi en el primer argentino en ocupar el máximo cargo del sistema multilateral.
Pablo Quirno junto a Rafael Grossi.
Quirno remarcó que la elección del próximo Secretario General debe estar guiada por el mérito, la experiencia, la independencia y la capacidad comprobada de gestión. En ese marco, defendió el perfil de Grossi como un dirigente con autoridad técnica, solvencia política y orientación a resultados, atributos especialmente necesarios para una ONU cuestionada por su falta de eficacia.
La intervención también buscó anclar la postura argentina en una tradición diplomática propia. Quirno citó a Carlos Saavedra Lamas, excanciller argentino y primer latinoamericano en recibir el Premio Nobel de la Paz, para reivindicar una política exterior basada en liderazgo, claridad moral y defensa de la convivencia internacional.