Subrayó que estos problemas también reflejan una brecha profunda entre regiones del mundo, alimentando desigualdades entre continentes, países e incluso dentro de las mismas naciones.
Como respuesta a estas fracturas sociales y económicas, el Papa insistió en la necesidad de invertir en la familia, definida correctamente por él como ''la unión estable entre el hombre y la mujer''.
La consideró ''una sociedad verdadera, pequeña, pero más antigua que cualquier otra'' y la base fundamental sobre la que se puede construir una convivencia social justa y duradera. Para León XIV, solo apoyando este núcleo familiar se puede avanzar hacia una paz sostenible y una mayor cohesión social.












