El pederasta buscó obtener beneficios judiciales tras su arresto de 2019 y centró sus esfuerzos en el entonces presidente, aunque sus anotaciones no contenían evidencias de conductas ilegales.
En un desesperado y fallido intento por evadir la justicia tras su arresto en 2019, el delincuente sexual, pedófilo y convictoJeffrey Epstein se fijó como objetivo prioritario al presidente Donald Trump, buscando cualquier información comprometedora que pudiera servirle como moneda de cambio para negociar una sentencia más leve ante los fiscales federales.
Según revelaciones de The New York Times, durante las maratónicas reuniones con su equipo de abogados en el centro penitenciario de Lower Manhattan, Epstein se dedicó a garabatear notas incoherentes que solo demostraron su impotencia y la ausencia total de pruebas contra el mandatario.
El delincuente sexual infantil, Jeffrey Epstein.
A pesar de su obsesión por "entregar" al presidente, las anotaciones de Epstein no contenían nada más que retórica de resentimiento. En sus blocs legales, el financiero escribía frases inconexas como: “Trump es un estafador total: humo y espejos” y “Nunca tuvo dinero”.
Estos escritos, calificados como "garabatos trastornados", dejan claro que el delincuente no poseía evidencia de ninguna conducta criminal por parte de Trump, quien para entonces cumplía su primer mandato.
Incluso en correos electrónicos previos, como uno enviado en 2017 al exsecretario del Tesoro Larry Summers, Epstein se jactaba arrogantemente diciendo: “Tu mundo no entiende lo tonto que es [Trump] en realidad”.
Años antes, en 2011, intentó sembrar dudas al decirle al escritor Michael Wolff que “Trump sabía lo de las chicas”, una afirmación que carece de cualquier respaldo probatorio y se suma a la lista de engaños del financiero.
Mientras fracasaba en su intento de chantaje, Epstein se quejaba amargamente de su vida como un “Pedófilo en la cárcel”, denunciando que se le negaban visitas y llamadas telefónicas. En sus notas, alegaba que era “imposible montar una defensa” debido al ruido constante en la Unidad de Vivienda Especial del ahora cerrado Centro Correccional Metropolitano.
Donald Trump.
Su paranoia llegó al punto de decirle a su compañero de celda, el ex policía y asesino convicto Nicholas Tartaglione, que si este “le daba una paliza, los guardias no presentarían un informe”.
Finalmente, el 19 de agosto de 2019, el escenario de su celda reflejó su derrota final: el suelo estaba cubierto de sogas y materiales para fabricarlas. Un recluso cercano testificó haber escuchado ruidos de tela rasgándose la noche de su muerte, y no se detectaron indicios de forcejeo o entrada de terceros.
En su nota final, Epstein escribió: “SOLO DOLOR PARA MÍ Y PARA LOS DEMÁS en el futuro. ¡Nada divertido! ¿Por qué la gente que amo debería sufrir por mi problema? Entonces… ¿Qué quieren que haga?… ¡¡Llorar desconsoladamente!! Lo mejor para todos”.
Es fundamental recordar que, aunque Trump y Epstein se conocieron en la década de 1980, su relación terminó abruptamente hace más de dos décadas.
Si bien los registros de vuelo confirman que el futuro presidente voló en el jet privado de Epstein al menos 7 veces entre 1993 y 1997, los documentos subrayan que nunca viajó a su notoria isla privada en el Caribe.
La ruptura definitiva ocurrió en 2004 debido a una disputa por una transacción inmobiliaria y al comportamiento inapropiado de Epstein, lo que llevó a Trump a expulsarlo de Mar-a-Lago por intentar "captar" a mujeres jóvenes que trabajaban en el complejo.
Tras el arresto de 2019, el presidente Trump fue tajante al declarar que no había hablado con él en 15 años y que “no era un fan” de su persona.
El alcance de las manipulaciones de Epstein llegaba incluso a intentar influir en figuras como el multimillonario Bill Gates y el gobierno ruso, ofreciéndose como un supuesto "experto" en la mentalidad del presidente. No obstante, el presidente Trump ha denunciado consistentemente el interés público sesgado en estos archivos como un “engaño”, desmintiendo categóricamente rumores como la supuesta carta de cumpleaños mencionada por el Wall Street Journal que decía “Que cada día sea otro secreto maravilloso”.