Los comerciantes de Ceuta vivieron dos jornadas de miedo e incertidumbre después de que la entrada masiva de inmigrantes ilegales desde Marruecos desbordara la capacidad operativa de la ciudad y dejara escenas de saqueos, robos y establecimientos obligados a cerrar ante la imposibilidad de garantizar la seguridad.
Desde el centro urbano hasta zonas como Puertas del Campo y la barriada del Mixto, numerosos propietarios bajaron las persianas o comenzaron a regular manualmente el ingreso de clientes. La medida buscó impedir que decenas de personas accedieran simultáneamente a los locales y proteger tanto a los trabajadores como a quienes ya se encontraban comprando.
Mientras algunos negocios atendieron a personas que habían llegado con dinero y necesitaban comprar ropa, medicamentos o reemplazar pertenencias dañadas durante el cruce, otros establecimientos denunciaron pérdidas de mercadería, acoso y saqueos protagonizados por grupos musulmanes que recorrían las calles en busca de alimentos, pero también de productos de alto valor comercial.












